jueves, noviembre 01, 2007

LITERATURAS PERIFERICAS Y CRITICA LITERARIA EN EL PERU


Por: DORIAN ESPEZUA SALMON


La función de la crítica debiera consistir en mostrar cómo es lo que es, incluso que es lo que es, y no mostrar qué significa.
Susan Sontag

La blasfemia es la vergüenza del emigrante de volver a casa.
Homi Bhabha

¿Puede hablar el subalterno?
Gayatri Spivak

Límpiate la mente de jergas.
Samuel Johnson



Sin duda, la principal herramienta teórica, aunque no la única, para la crítica literaria peruana y latinoamericana en los últimos tiempos, es Escribir en el aire. Ensayo sobre la heterogeneidad socio-cultural en las literaturas andinas de Antonio Cornejo Polar (Lima: Horizonte, 1994). Cornejo es explícito al afirmar que, a pesar de los esfuerzos por construirla, no existe una Teoría Literaria Latinoamericana y mucho menos peruana para abordar o dar cuenta de una literatura denominada por él heterogénea, por Ángel Rama transcultural, diglósica por Enrique Ballón, alternativa por Martín Lienhard, híbrida por García Canclini. Ésta es una literatura heterogénea porque algún elemento en el esquema comunicativo (emisor, discurso-texto, referente o receptor), escapa a una pretendida homogeneidad cultural que no corresponde con la realidad de países como el nuestro en donde más bien existe una dispersión, una pluralidad, una diversidad multiforme en los sistemas literarios que poseen, en líneas generales, características comunes pero también grandes y pequeñas diferencias en cuanto al discurso plurilingüe, polifónico, multiforme y heteroglósico, en tanto también, al sujeto complejo y múltiple, lleno de contradicciones internas que determinan su producción discursiva y, en cuanto a la representación de una realidad donde todo está mezclado con todo y donde se manifiestan los contrastes más inesperados.El Perú actual es, en su mayor parte, un país mestizo, y no hay que olvidarlo, un país plurilingüe y multicultural donde se están mezclando todas las sangres que, a su vez, están originando potencias vitales insospechadas, manifestaciones culturales sabrosas, coloridas y melódicas que producen dinámicamente nuevas formas discursivas que reclaman nuevos sujetos críticos y nuevas metodologías críticas que dejen de lado el rigor de un sistema teórico y la pretendida objetividad científica en favor de estudios interdisciplinarios que combinen materiales y conceptos de análisis híbridos al margen de cualquier delimitación académica. Recordemos que en el Perú no podemos hablar de “la cultura peruana” sino de “las culturas peruanas”, por lo tanto, no podemos hablar de “la literatura peruana” sino de “las literaturas peruanas”. Ahora bien, conviene por un instante detenernos para aclarar algunos puntos sobre el mestizaje. La mezcla, el cruzamiento, el enfrentamiento, la superposición, la yuxtaposición, la fundición, etc., presuponen la existencia de grupos homogéneos o puros cultural, biológica y físicamente distintos y separados. Es evidente que esto es casi inimaginable por cuanto, tanto en los grupos que vinieron de Occidente como en los grupos amerindios se sucedieron mezclas internas. Entonces el mestizaje, producto del encuentro de dos mundos, no hace sino acrecentar la heterogeneidad, la pluralidad, el desorden y la mezcla que es una constante en todas las sociedades del mundo. En líneas muy generales, la consideración de que el mestizaje actual es el resultado de la “lucha” entre la cultura europea colonial y la cultura indígena porque los elementos de estas dos macroculturas tienden a excluirse, enfrentarse y oponerse mutuamente, pero también a penetrarse, conjugarse e identificarse, nos parece operativa porque da cuenta de la emergencia de una nueva cultura afroquechuaymarañola. En tal sentido, el mestizaje es entendido aquí como una adecuación, una adaptación de culturas confluentes en un universo sincrético en el que las culturas oprimidas luchan por sobrevivir..

Es pertinente también advertir del peligro sutil que supone no oponer una identidad a otra, sino más bien el mestizaje a la identidad. La lógica de que no hay grupos culturales originales y propios y de que lo común es el mestizaje es una justificación para la continuación del proceso homogeneizador propio de la cultura dominante. La cultura andina como la cultura occidental en su interior son la mezcla de otras culturas que tienen características más o menos comunes. Ambas culturas tienen matrices diferentes y perfectamente identificables. Es necesario diferenciar la mezcla del mestizaje cultural. El primer proceso se da al interior de una misma matriz cultural y el segundo entre distintas matrices culturales. Hay que tener cuidado respecto a las identidades culturales puesto que si todo es mestizo entonces podríamos caer en el error de considerar que no hay nada auténtico o que lo auténtico ha sido asimilado o absorbido por otra cultura. En efecto, ésta parece ser la trampa de la globalización y del cosmopolitismo multicultural que anuncian las nuevas elites internacionales. Entonces lo que se opone ya no es la homogeneidad a la heterogeneidad, sino el mestizaje a las identidades. En nombre del mestizaje desaparecen culturas porque todo mestizaje, especialmente el colonizador, es asimétrico. La mezcla de culturas encubre estrategias homogeneizadoras de elites desarraigadas que necesitan discursos mestizos e idiomas planetarios producto del desarraigo, el cosmopolitismo y eclecticismo que admite todo tipo de préstamos de las diferentes “culturas del mundo”. Estos discursos no son de ninguna parte y no tienen patria como los capitales. El discurso de los Estudios Culturales no es tan ingenuo, tan neutro o tan espontáneo como parece porque todo indica que lo híbrido está destronando a lo exótico.Por otro lado Cornejo propone el concepto de totalidad contradictoria para referirse a una literatura peruana que no es, como sabemos, una unidad. Sin embargo, a Cornejo le parece insuficiente simplemente constatar la pluralidad, coexistencia y diversidad de los diferentes sistemas literarios que no sé si son “sistemas literarios” por ejemplo para un aguaruna o un aymara. (Yo, igual que Cornejo estoy hablando desde la ciudad letrada y, ahora, desde una capital compuesta por migrantes.) Entonces, lo que hace Cornejo es evidenciar el complejo entramado de lazos comunicantes entre los sistemas literarios diferenciados que no permanecen, sería erróneo pensarlo e ingenuo sostenerlo, aislados, desconectados y enfrentados entre sí. La intercomunicación de sistemas literarios es, a su vez, producto del conflicto entre los sistemas sociales organizados a lo largo del tiempo y espacio geográfico. Antonio Cornejo piensa y creo que tiene razón cuando afirma que en el Perú coexisten tres sistemas literarios diferenciados: El sistema de la lengua culta, que también podría denominarse literatura ilustrada o de elite, generalmente escrita en español y en las ciudades metropolitanas. El sistema de literaturas populares en español que también podría denominarse literatura provinciana o mestiza. Y el sistema de literaturas en lenguas aborígenes que también podría denominarse la otra literatura peruana, literatura de los otros o literatura indígena. No olvidemos que el quechua tiene una producción escrita culta conectada y reconocida por un sistema ilustrado o de elite que funciona al interior de una cultura marginada.
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Los diferentes sistemas literarios tienen sus propios campos intelectuales, sus propias redes de comunicación, sus propias redes de producción, distribución, consumo y valoración simbólica a pesar de la interacción y los cruces con otros sistemas. Si esto es así, cada sistema literario diferenciado tiene o debe tener su propio aparato crítico diferenciado que además dé cuenta de los lugares de frontera. Una literatura heterogénea como la peruana donde existen regiones geográficas en las que coexisten formas lingüísticas en una situación diglósica que manifiestan discursos diferentes, opuestos o complementarios que se cruzan y se mezclan, necesita una crítica también heterogénea. Evidentemente hay una cultura dominante, un campo del poder, un sistema literario dominante y una crítica literaria dominante hecha por académicos especializados que representan el “supuesto saber”. Esta crítica representa el discurso del poder, la retórica del poder porque no sólo reprime ciertas formas discursivas subversivas ejerciendo la censura social, incluso racial, disfrazada de control académico, sino que legitima un discurso dominante que aparentemente da cabida a los discursos subyugados. El discurso del poder es monoglósico y dogmático y no dialoga, no puede hacerlo, con los otros sistemas subalternos. El concepto o categoría de Totalidad Contradictoria pretende abarcar el todo, el conjunto en cuyo interior se manifiestan conflictos y relaciones dinámicas que producen manifestaciones nuevas. No hay que olvidar que los nuevos rostros de la sociedad se manifiestan en nuevos rostros discursivos, y los nuevos rostros discursivos reclaman nuevos acercamientos críticos que pasan por ampliar el corpus de lo que entendemos por literatura. Es una necesidad que se extienda la noción de texto de lo específicamente literario a cualquier manifestación semiótica configurada por un tipo de lenguaje. La literatura no es una experiencia aislada de la interrelación humana, de la interacción social y de las otras manifestaciones textuales.El valioso artículo “El Perú crítico: utopía y realidad”, cuyos autores son Jesús Díaz Caballero, Camilo Fernández Cozman, Carlos García- Bedoya y Miguel Ángel Huamán, constituye un balance en varios órdenes. El primero, el de los estudios literarios en el Perú, nos presenta las primeras sistematizaciones realizadas por José de la Riva Agüero que restringe la literatura peruana a la escrita en español, Luis Alberto Sánchez tiene más bien una visión mesticista de la literatura peruana entendida como la fusión armónica de dos tradiciones culturales, reconociendo la importancia del legado indígena, y José Carlos Mariátegui que propone distinguir tres etapas en el desarrollo de la literatura peruana: colonial, cosmopolita e india. Esta última caracterizada por la vigencia de lo propio en nuestra literatura.Según los autores del artículo antes mencionado el Tradicionalismo Crítico (1930-1955) caracterizado por una crítica literaria marcadamente aproblemática donde predomina una historia literaria de tipo tradicional que conjuga positivismo e impresionismo con un mayor o menor rigor académico, dependiendo del autor, en la presentación de los datos y las anécdotas combinadas con valoraciones muy subjetivas, estaría representado por Luis Alberto Sánchez, Augusto Tamayo Vargas, Alberto Tauro del Pino, Estuardo Núñez y los valiosos aportes de hombres dedicados a la historia como Raúl Porras Barrenechea y Jorge Basadre. Además en esta época se realizan las primeras recopilaciones de las literaturas orales populares por José María Arguedas, Efraín Morote Best y el padre Lira. ¿Dónde estaría Jorge Puccinelli?.
La apertura a nuevas corrientes críticas como la estilística y la filología practicada por Luis Jaime Cisneros o Armando Zubizarreta y la fenomenología basada en Ingarden, Kayser y Auerbach practicada por Alberto Escobar, se desarrolla entre los años 1955 y 1970, periodo en el que también aparece la crítica periodística que cobra especial relevancia, especialmente en la difusión del “boom” que defiende la cosmopolitización acelerada de la escritura hispanoamericana y condena toda manifestación regionalista que reivindica la identidad propia. Las figuras prominentes son José Miguel Oviedo, Abelardo Oquendo y Sebastián Salazar Bondy.Las tendencias básicas de la crítica peruana durante 1970 y 1988 son dos: Por un lado tenemos la tendencia sociológica que desarrolla una línea de pensamiento cercana a la problemática nacional, priorizando la perspectiva social e histórica para replantear los problemas medulares de nuestra historia literaria. Aquí encajarían críticos como Antonio Cornejo Polar, Alejandro Losada o Tomás Escajadillo. ¿Y Washington Delgado? Por otro lado, tenemos a los difusores de las nuevas corrientes formalistas europeas que aportan novedosas metodologías de análisis literario con un elaborado metalenguaje como el de la semiótica, pero sin lograr aplicarlo en forma adecuada y eficiente a los discursos literarios de lo que hemos llamado literatura heterogénea. En esta línea tenemos a Enrique Ballón, Desiderio Blanco o Susana Reisz. Para no pecar de demasiado esquemáticos y para ser justos hay que decir que muchos de los críticos antes mencionados tuvieron desarrollos que muchas veces los llevaron a superar o desplazar sus planteamientos iniciales.La crítica literaria peruana ha tenido temas recurrentes. Uno el indigenismo como tema transversal estudiado diacrónica y sincrónicamente, entre otros, por Luis A. Sánchez, José C. Mariátegui, Alberto Escobar, Tomás Escajadillo, Antonio Cornejo, Martin Lienhard, Ángel Rama, William Rowe, Sara Castro-Klaren, Julio Ortega, Miguel A. Huamán, Juan Zevallos o Mirko Lauer. Otro gran tema es la vanguardia como proceso poético y, en esta línea se inscriben críticos como Abelardo Oquendo, Mirko Lauer, Alberto Escobar, Ricardo Silva-Santisteban, Julio Ortega, Desiderio Blanco, Raúl Bueno, Roberto Paoli, Enrique Ballón, Saúl Yurkievich, Guido Podestá, Ángel Flores entre otros. El proceso de la narrativa urbana ha sido objeto de estudio de críticos como Cornejo Polar, José Miguel Oviedo, Sara Castro-Klaren, Julio Ortega, Luis Fernando Vidal, Ricardo González Vigil, Miguel Gutiérrez. Las literaturas orales o populares fueron recopiladas en un primer momento por antropólogos y lingüistas. En el ámbito de la literatura oral quechua tenemos a Jorge A. Lira, Bernabé Condori y Rosalind Gow, Ricardo Valderrama y Carmen Escalante, Johnny Payne. En el ámbito de la literatura oral amazónica tenemos a Jorge Jordana Laguna (Aguaruna), André Marcel D’ans (Cashinahua), Aurelio Chumap y Manuel García, Juan Marcos Mercier, José María Guallart. Con relación a la literatura oral aymara tenemos el trabajo de recopilación de José Luis Ayala. Los relatos andinos en español de origen popular y anónimo, pero elaboradas con cierto criterio literario fueron antologados por Carlos Villanes, Marcos Yauri Montero y Andrés Zevallos. En el ámbito de las antologías generales o específicas de la literatura oral y popular tenemos los trabajos de Ricardo González Vigil, Enrique Ballón, Alberto Escobar y Luis Millones, Mario Razzeto, Edmundo Bendezú, Francisco Carrillo, Alejandro Romualdo, Rodrigo, Edwin y Luis Montoya. En el ámbito de ediciones críticas importantes de la literatura popular tenemos a George Urioste, Gerald Taylor, Teodoro Meneses. Los estudios sobre las literaturas orales y populares tienen como representantes a Edmundo Bendezú y Mario Florián. Entre los estudios cercanos a la crítica literaria se pueden mencionar las metodologías propuestas por Enrique Ballón, Raúl Bueno, Johnny Payne. Evidentemente estos no son todos los nombres y habrá uno que otro que no puede ser encasillado en ninguno de los tópicos mencionados. Sólo una pregunta para cerrar este párrafo. ¿En qué medida un recopilador o antologador es un crítico?.
Tal vez la parte rescatable del artículo de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana es la que se refiere a las perspectivas y a las tareas que debió superar la crítica peruana para no convertirse en una crítica mediocre. En efecto, allí se señalan las carencias y deficiencias de la crítica peruana como son: la escasez de ediciones críticas confiables, falta de estudios monográficos sobre textos canónicos, debilidad en el trabajo filológico, miopía en la institucionalidad literaria reducida a espacios mínimos de trabajo intelectual cuyos integrantes trabajan de manera aislada derrochando tiempo y esfuerzos que bien pueden ser colectivos, la escasez de conceptos e ideas teóricas que nos permitan avanzar en la transformación y constitución de nuestra nacionalidad y que den cuenta de nuestra pluralidad discursiva y, la necesidad de la crítica literaria de integrar a las disciplinas sociales para dar cuenta de las prácticas discursivas pertenecientes a otros sistemas literarios difíciles de penetrar desde un centro y una academia metropolitana, centralista y segregacionista.Rápidamente diremos que, por ejemplo, la institucionalidad literaria (que se está formando) ha crecido con la creación de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional Federico Villarreal donde funciona desde hace tres años ya una escuela profesional de literatura. La mayoría de las escuelas de literatura funcionan en Lima mientras que en las universidades de provincia todavía se sigue privilegiando las carreras técnicas o científicas, obligando a los interesados en los estudios literarios a migrar a la metrópoli. El trabajo editorial que realizan la Universidad Católica y, eventualmente, otras universidades privadas, PetroPerú, algunas empresas privadas, algunos Concejos Provinciales y Distritales, algunas universidades estatales cuyo presupuesto es paupérrimo y algunas ONG, no es suficiente para paliar la falta de ediciones críticas de las que adolece la crítica capitalina o provinciana. Más bien, por el contrario, se suelen editar o reeditar textos con más errores que aciertos, ediciones que más que aclarar confunden, y es sobre estas ediciones que se ejerce la crítica por personas que tienen una deficiente formación filológica y lingüística. La ampliación del campo de estudios de la literatura actualmente abarca prácticamente cualquier discurso en cualquier soporte. Sin embargo, hay que tener cuidado en que no pase gato por liebre, hay que diferenciar la calidad de la improvisación, hay que distinguir la paja del trigo. Todo es discurso pero no todo discurso tiene que ser legitimado. En no ser unos topos y ampliar nuestro horizonte, en eso sí hemos avanzado. Los estudios literarios en la actualidad discuten y cuestionan la distinción jerárquica y vertical entre cultura alta o hegemónica y cultura popular o práctica subterránea y, por lo tanto, también entre literatura alta y literatura popular. Hay un interés por borrar el privilegio aristocrático de la cultura, literatura y crítica superior y letrada y por legitimar la cultura y literatura, aunque todavía no, la crítica de la cultura popular, indígena, alterna, marginal o subterránea. Esta tarea parte por descentralizar la incipiente institucionalidad académica y por ampliar su base, por dotar a las provincias del Perú de los medios y materiales que les permitan desarrollar su propio discurso crítico para el diálogo, y por reconocer la diferencia y la igualdad de los diversos sistemas literarios que necesitan críticos competentes para dar cuenta de esos discursos diferentes..Los discursos que corresponden al sistema de las literaturas populares escritas en español y al sistema de las literaturas en lenguas aborígenes son los denominados periféricos o marginales, y se caracterizan porque se producen en las provincias del Perú en soporte oral o escrito y, muchas veces, por provincianos que migran a la capital y que viven en los llamados Pueblos Jóvenes o Asentamientos Humanos. Su producción, distribución y valoración, en la mayoría de los casos, no trasciende las fronteras de ese localismo por diversos factores.El primer problema es el que denomino: ¿CRÍTICA DESDE DÓNDE Y DE QUÉ? En efecto, no podemos negar el hecho evidente de que la crítica forma parte del mundo académico y de la industria literaria y editorial que condiciona su recepción, especialmente en el sistema oficial donde la crítica es ejercida por intelectuales que pertenecen a la clase dirigente, la famosa fracción dominada de la clase dominante. En ese sentido, se puede decir que la institucionalidad o la academia no puede dar cuenta del todo constituido por un corpus multiforme y variado. Es más, la crítica académica ni siquiera puede pretender conocer la totalidad discursiva producida en diferentes lenguas y en diversos espacios semióticos. En un país heterogéneo la crítica literaria institucionalizada es un embudo académico asentado en un centro metropolitano, un miope torpe que sufre de astigmatismo cultural y habla en un idioma metropolitano desde la ciudad letrada..
Es evidente que la crítica literaria peruana es metropolitana y absorbe, comenta o se fija, básicamente, en los discursos producidos al interior de esa metrópoli. Los demás discursos, los llamados periféricos, subterráneos, alternos o marginales, los pertenecientes a otros sistemas ni siquiera merecen comentarios “serios” en revistas “serias” y, tampoco son publicados en editoriales de prestigio. ¿Acaso los escritores de Juli, de Huanta, de Chupaca, de Singa, de Celendín, de Bagua Grande; los quechuas, aymaras, campas notmashiguengas, aguarunas, huitotos, shipibos, etc. publican o pueden publicar en Alfaguara, en Peisa, en Norma? Simplemente no pertenecen a esa red social (argolla), no forman parte de ese campo intelectual, de ese ámbito literario ni del campo del poder hegemónico. Esto implica que un texto circula dentro de un circuito cultural que está dirigido por la industria editorial y por el periodismo cultural (que generalmente no es practicado por sujetos serios, rigurosamente competentes o académicamente formados), implica también que si un texto peruano no es accesible por razones lingüísticas o culturales y no pertenece al circuito o al sistema literario, entonces simplemente no es tomado en cuenta y sólo es mencionado o registrado. Sin crítica “oficial” los textos marginales carecen de existencia y de sentido para la metrópoli.Por otro lado, es bueno anotar que la visión del crítico depende de la posición que ocupe en la estructura de la clase dirigente dado que por definición un intelectual no pertenece al pueblo ni por su origen ni por su condición. Entonces, la visión del crítico no puede escapar, en primer lugar, de las características personales del crítico, es decir, su etnia, su clase social, su sexo; en segundo lugar de la posición que ocupa en el microcosmos del campo académico o intelectual y; en tercer lugar del sesgo intelectualista que lo lleva a concebir la práctica literaria sólo como un discurso a ser interpretado y no como un conjunto de problemas concretos que reclaman soluciones concretas. Los habitus críticos también determinan la crítica, es decir, los esquemas de percepción, de apreciación y de acción, los modelos interpretativos, los sistemas de valoración socialmente constituidos o, lo que Pierre Bourdieu llama, las estructuras estructuradas y estructurantes. En buena cuenta la ideología del crítico entendida como las representaciones conceptuales y el repertorio de imágenes, no puede estar separada de la organización material y de las instituciones, es decir, de los campos de saber y poder que hacen posible la circulación de esa ideología a través de los colegios, las editoriales, los medios de comunicación, etc. Un crítico podría objetivarse si nos fijamos en las relaciones que mantiene, por un lado, con la realidad y los textos que analiza y, por el otro, por su vinculación y enfrentamiento con sus colegas y con la institución literaria. En ese sentido un crítico, y la crítica en general, podría definirse, objetivarse y ubicarse por lo que no hace. De hecho para ser reconocido como un “buen crítico” oficial o académico uno no necesita reflexionar ni investigar sobre la tarea de la crítica, la función de la crítica, el deber de la crítica en una sociedad que requiere reflexión y análisis, basta con conocer cuáles son los patrones de moda estéticos y de valoración, basta con saber cuáles son los escritores que pueden darle a uno el prestigio que busca, basta con saber qué les gustaría a los académicos o a la institucionalidad, basta con estar al tanto de las líneas de publicación de las revistas de prestigio, basta con saber qué es vendible y consumible. Es muy difícil ser un crítico de renombre si se va contra la corriente..
La pregunta es ¿qué crítica da cuenta de los textos periféricos? En el caso de las canciones, los huaynos, las adivinanzas, los chistes o simplemente los discursos orales ágrafos la crítica es asumida por la comunidad que simplemente rechaza o modifica el discurso hasta que sea socialmente aceptado. Pero ésta, evidentemente, no es una crítica académica ni institucionalizada. En el caso de las literaturas aborígenes, la crítica adolece de una academia y de sujetos dominantes, mientras que en el caso de las literaturas populares, la crítica periférica está asentada en una pobre academia universitaria provinciana que implora legitimación a la metrópoli y que no logra cohesionar un discurso interlocutor respecto de la ciudad letrada. La universidad necesita intermediarios para acercarse a estos textos. La universidad y la academia necesitan interlocutores, especialistas, para acercarse e interpretar los discursos marginales, especialmente de otras culturas y en otras lenguas, con aparatos teóricos que provienen de la antropología, la sociología o los estudios culturales. Pero los interlocutores o traductores producen un texto adecuado al contexto de destino y por lo tanto un texto resituado en un nuevo contexto. En este caso la labor del crítico o interpretante es, virtualmente, la traducción para la academia de lo que real o verdaderamente significa tal o cual cosa. Pero hay algo que debemos tener en cuenta y es el hecho de que no hay un saber desinteresado, neutro o puro. La crítica es un ejercicio del poder y del saber. Y la traducción es una forma de violencia discursiva en cuanto en el ejercicio mismo de la representación se niega la imagen del otro que queda configurada o reinscrita en la episteme metropolitana. La inmigración de ideas y de modelos teórico-interpretativos separa las producciones culturales de sus universos significativos, los descontextualiza y, en segundo lugar, separa a los discursos culturales de los sistemas teóricos que dan cuenta de los mismos. No negamos ni rechazamos el conocimiento universal venga de donde venga, pero si advertimos que la aplicación ingenua y simplificadora de estos modelos puede ser peligrosa si es que no se reflexiona sobre su pertinencia o no para leer los discursos periféricos. El peligro que deben sortear los críticos es no convertirse en cómplices del poder simbólico aplicando fascinados los modelos foráneos de interpretación, sin darse cuenta de que ese poder es ejercido de manera invisible por los campos de poder económico e intelectual de la metrópoli..
Toda crítica de un sistema alterno y toda interpretación de un discurso cultural y lingüísticamente diferente al nuestro es una traducción y una forma de ejercer violencia simbólica. Todo otorgamiento de sentido transforma un texto aun si la traducción es semiótica y no simplemente lingüística. El desciframiento o la interpretación es disección. Todo crítico y todo interpretante altera y modifica el discurso al que se refiere porque un texto no puede ser discutido o valorado fuera de su contexto. En buena cuenta siempre hay un sesgo cultural en todo proceso traductológico. Una traducción es una reescritura y toda reescritura, sea cual sea su intención, refleja una ideología. Reescribir es manipular con un propósito determinado y es una actividad que se lleva a cabo al servicio de la cultura hegemónica como cultura de destino o cultura receptora de la traducción. Toda traducción es producto del marco conceptual que la origina. El traductor, por tanto, occidentaliza, castellaniza o amestiza un texto. No hay ingenuidad en la traducción porque uno no puede escapar a su centro. Aparentemente, la traducción es un puente entre dos culturas, pero ese puente es también la evidencia de la separación y de las diferencias, la evidencia de la asimetría entre discursos y la desigualdad entre representaciones. La traducción del otro, sobre todo la que se inscribe en la práctica ideológica del contexto de destino, es un medio de dominio cultural que utiliza las estrategias propias del discurso colonial, es y ha sido siempre una herramienta indispensable para interpretar la historia y el presente de los otros pueblos bajo el prisma que le es conveniente a la metrópoli. La traducción, la reescritura o la interpretación son mecanismos de manipulación al servicio de un determinado tipo de discurso poscolonial.
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Esto lo saben los que se dedican a los Estudios Culturales. Yo sospecho de ellos pero no los rechazo (al fin y al cabo sus herramientas me sirven para reconocerme como igual y al mismo tiempo como diferente); intuyo que familiarizarse con un discurso periférico es, en realidad, incorporarlo a un centro que se apropia del mismo; dudo de sus mecanismos centralizados en la metrópoli; no confío en su metadiscurso creado por el ombligo de la bestia; tengo la malicia y creo que las redes que controlan su expansión ahora en países como el nuestro tienen nuestro consentimiento; sospecho de su aparente generosidad que incorpora las voces antes sub-representadas o desvalorizadas; considero que la revalorización de las culturas avasalladas por la globalización monocultural es un cuento; estimo que su pregón eufemizado de comunicación cultural que más que unir separa y distingue a todas las culturas (designadas como subculturas) de la cultura dominante es puro discurso; considero que las definiciones teóricas que ejercen un control también teórico y hegemonizado por la intelectualidad norteamericana que luego las exporta a la América Latina a través de la red del pulpo son un nuevo mecanismo de colonización intelectual. Esta red y este pulpo se alimentan de nosotros que les otorgamos la materia prima discursiva y la energía vital de nuestra cultura con la que ellos desarrollan el imaginario teórico y cultural del discurso universitario occidental. Nosotros somos la justificación para que ellos construyan saberes aparentemente alternativos o paralelos externos a la cultura canónica oficial. Para nadie es un secreto que estos saberes alternativos o paralelos son usados para fortalecer y legitimar el discurso imperialista. Los Estudios Culturales son, al interior de la intelectualidad de Occidente, un cuestionamiento a sus propios textos hegemónicos, por eso el interés de las universidades norteamericanas y europeas por otorgar becas de postgrado, por abrir sus puertas a los indios, a los negros, a los orientales, a las mujeres, a los gay, al marxismo, al psicoanálisis, al budismo, porque al fin y al cabo el avance cultural hegemónico encuentra su terreno más fértil en las contra-culturas. Hipócrita, enmascarada y aparentemente este imperialismo se presenta como liberador y dice rescatar las diferencias de los grupos minoritarios, que en realidad son la mayoría, con el disfraz de los estudios culturales que promueven el mestizaje y que son una falsa ruptura respecto de la cultura global. Estos discursos son un conjunto heterogéneo de actitudes, intereses y prácticas que tienen por objeto la instauración de un sistema de dominio y su perpetuación. En buena cuenta el postmodernismo es una nueva y buena técnica de neocolonización. ¿Cómo se pueden proponer categorías globales para casos “únicos”? Lamento decirlo, pero el desplazamiento del centro desde esta perspectiva es una ficción discursiva..
Yo sospecho porque tengo casi la certeza de que nosotros simplemente somos un coro incondicional; unos interlocutores domesticados que suplicamos se nos domine, unos pasadores de técnicas; unos sacerdotes que demandan legitimarse porque cumplen bien las funciones establecidas por los profetas; unos aplicadores de modelos y modas culturales y sociales; unos outsiders que contribuimos a la internacionalización, universalización, globalización, mundialización, McDonalización del imperialismo terminológico de la academia mientras las diferencias van desapareciendo hablando de la diferencia; mientras se hace común pensar que el mestizaje es lo común y la identidad es lo raro para homogeneizar el mundo; mientras todo se hace discurso para distraer nuestra atención de los problemas de fondo; mientras rechazamos los metarrelatos y las ideologías construyendo un nuevo metarrelato con una ideología al servicio de... ; mientras hablamos del sujeto cultural que necesita un sicoanalista y no del sujeto natural y biológico que nace, crece, sufre y muere; mientras hablamos del fin de la historia sin darnos cuenta de que los sucesos se suceden y de que estamos dentro de la historia; mientras hablamos de los sujetos discursivos colectivos, masificados, abstractos y no de los derechos de individuos que tienen hambre, frío, sed, esperanzas y derecho a la supervivencia cultural; mientras decimos que todo y nada puede ser verdad y al decirlo negamos nuestra voz; mientras aceptamos seguir siendo cifras, signos, lenguaje y no seres humanos; mientras negamos los esencialismos teniendo necesidades esenciales; mientras el centro crece, se legitima, se homogeneiza y se defiende en otros centros más chiquitos donde se debate la alteridad; mientras nos deleitamos con manjares teóricos sin darnos cuenta de que la postmodernidad ha distraído la atención de los intelectuales de lo político a lo puramente discursivo y, es más, ha separado el discurso de su contexto socio-político..
Otro problema es ¿quién otorga el estatuto literario a un discurso? Evidentemente todo discurso está dirigido al Otro y busca un reconocimiento. Con relación a este problema tenemos cuatro posibilidades: 1. El discurso indígena que está dirigido al indígena (Otro indio), que preserva, en lo posible, sus tradiciones e idiosincrasia y que no busca el reconocimiento como “literario” o no, sino que más bien busca ser aprobado por su comunidad en el sentido logosférico, es decir, en los valores culturales propios del grupo. En este caso la academia es excluida y el discurso está inmerso en su propio espacio semiótico impermeable. Los Estudios Culturales no penetran aquí, no pueden hacerlo porque este no es el lugar del traductor o del interlocutor con sus lentes que refractan la realidad que observa y estudia. 2. El discurso indígena que está dirigido al Otro occidental (institución literaria) y que por lo tanto busca el reconocimiento de la academia, tratando de escribir en quechua, aymara, aguaruna o castellano, mostrando una competencia literaria y lingüística que le permita ser reconocido como discurso de frontera, es decir, como discurso popular, marginal o segregado por la academia que acude a él con ciertos reparos y, sin embargo la juzga. Estos sujetos colonizados asumen la representación de las minorías, pero no son las minorías las que hablan a través de ellos. Estos indios tienen una voz intermediaria, una voz que resemantiza, a través de nuevos códigos, los discursos de los sujetos subalternos. Este discurso asume una voz y un lugar impostor. 3. El discurso literario producido desde la academia que busca el reconocimiento del Otro indio hablando por él. Este discurso presume conocer la simbología y el sistema literario indio y asume una voz y defensa del otro en un discurso que rápidamente es reconocido como extraño e impostor. La representación hace evidente la sustitución de una realidad objetiva por una imagen subjetiva que sirve a sus propósitos de dominio. Estamos también frente a un discurso de frontera. Estamos frente al discurso de la crítica y de las ciencias sociales que interpreta y valora en la creencia que se puede representar al sujeto colonizado. La cuestión aquí es ¿cómo debería la crítica acercarse a un texto sin usurpar su propio espacio y sin desvirtuarlo? Para el caso de los discursos marginales indígenas o populares lo ideal, desde la ciudad letrada, es una crítica que describa y no que valore, porque para valorar se requiere de una competencia cultural y lingüística que justamente no poseen la mayoría de los críticos oficiales. En este caso la función de la crítica debe ser mostrar y no interpretar u otorgar sentido porque al fin y al cabo hay que ser conscientes del lugar desde donde estamos hablando. 4. El discurso literario metropolitano dirigido a la academia, producido en, con y para la institucionalidad. En este caso los sistemas indígenas y populares están al margen porque no pueden participar de la logósfera conformada por la cultura, la lengua, el circuito de comunicación. Estamos del lugar de la cultura dominante, del sistema literario dominante y del aparato crítico dominante. Sin embargo al interior de este sistema también existen discursos marginales como el discurso femenino o el discurso gay. Tengo que hacer notar que no estoy discutiendo la calidad del texto literario o del discurso. No hay nada en el texto o en el discurso –dicen los críticos oficiales- que lo defina por sí mismo. La valoración es un asunto estrictamente extratextual..El segundo problema es el que denomino ¿CRÍTICA CON QUÉ? A la crítica impresionista e historicista, a la filología y la estilística, a la crítica sociológica, a la semiótica, al estructuralismo, se suman ahora nuevas herramientas metodológicas provenientes principalmente de las corrientes postmodernas con todo un arsenal de conceptos y categorías que se vienen aplicando para la lectura de nuestra literatura. La mezcla de estos aparatos teóricos y la disipación de sus fronteras y objetos de estudio ha dado en llamarse Estudios Culturales. En líneas generales se está aplicando modelos que provienen de la llamada “fiebre parisina y norteamericana” como la Deconstrucción, la Pragmática, el Psicoanálisis lacaniano, los Estudios de Género, la Narratología, las vertientes actuales de la semiótica, la historiografía literaria, la línea bajtiniana de polifonía e intertextualidad, la Retórica del grupo de Lieja o grupo mi, o simplemente la mezcla de categorías provenientes de todas las teorías antes mencionadas. La ampliación del corpus de la literatura también incluye el estudio de las diferentes variedades de discursos orales. Todas las teorías y todos los críticos tienen una línea interesante y prometedora, pero también aislada de los estudios de los demás y aislada también de las ciencias sociales..
Dar cuenta de un fenómeno tan complejo como el de las literaturas heterogéneas requiere el esfuerzo de muchos y no un trabajo aislado que se jacte de un metalenguaje que produzca algunos orgasmos discursivos que no aportan con nada en el estudio interdisciplinario que requiere nuestra literatura. Particularmente creo que conceptos y categorías provenientes de las ciencias sociales y desarrolladas para interpretar la realidad peruana en su conjunto deben ser aplicados a los estudios literarios, más aún si sabemos que ahora los conceptos y categorías no son propiedad de ninguna disciplina. Por eso hablamos de categorías y conceptos nómadas que pueden ser utilizados por otras disciplinas para permitir la mirada de un mismo fenómeno desde diferentes y variadas perspectivas. Esa transdisciplina abarca ahora los Estudios Culturales que desbordan las fronteras académicas de división y clasificación de los objetos de estudio mezclando diferentes prácticas teóricas en cruces de saberes plurales e interactivos. Pero los Estudios Culturales son un producto de intelectuales del tercer mundo que viven y producen un discurso desde el primer mundo. El locus enunciador está en el primer mundo y desde allí se ejerce un control epistemológico que no hace sino –utilizándonos- fortalecer a la comunidad y las instituciones que generan y promueven estos estudios. Nosotros necesitamos que los intelectuales produzcan aquí y desde aquí sus propias herramientas teóricas e interpretativas, necesitamos intelectuales creativos. La única forma de ser originales y universales a la vez es hablando de y en lo que nos es propio. Necesitamos intelectuales bidimensionales que tengan, por una parte, un fuerte compromiso intelectual autónomo y, por otra parte, un compromiso de lucha política contra el imperialismo cultural que pretende universalizar los particularismos ligados a una tradición milenaria, contra la globalización. Necesitamos intelectuales que no hagan hablar a los profetas, ni que sean declamadores de biblias efímeras. Necesitamos Shamanes, Laykas, Harawicus, Amautas y no extirpadores de idolatrías..Sin embargo, no se trata de una simple anexión o complementación de saberes o aparatos teóricos preconstituidos, sino de perseguir el diálogo crítico y fecundo para propiciar el intercambio de perspectivas con el objetivo de construir nuestro propio aparato teórico y crítico. No rechazamos por rechazar, no se trata de oponerse por oponer, pues no se puede rechazar lo que no se conoce. Rechazamos y nos oponemos al traspaso mecanicista y acrítico. No necesitamos ser aplicadores y adaptadores de modas metodológicas, no necesitamos ponernos los lentes de los otros, necesitamos desarrollar nuestra propia voz y nuestra propia mirada. No necesitamos ser interlocutores de los Estudios Culturales íntimamente ligados al imperialismo económico y cultural. ¿Acaso no es requisito indispensable para estar actualizado en las nuevas corrientes dominar el inglés como idioma hegemónico?, ¿cuántos de nuestros críticos oficiales hablan quechua o aymara o alguna de las lenguas de la amazonia y sin embargo opinan sobre una cultura y un sistema literario que desconocen absolutamente? Ser un interlocutor implica ser un crítico sumiso, un sujeto impropio cuyo discurso es predecible porque está domesticado y porque actualiza la serie de corrientes y métodos interpretativos de moda, ser un interlocutor es ser un sujeto instruido por la universidad metropolitana contemporánea para adecuar las categorías de la autoridad colonial a nuestra propia realidad aún sabiendo que esto nos conducirá al fracaso. Ser un interlocutor es ser un “pasador”, un importador de productos culturales. Ser un interlocutor es ser un impostor válido, un doxósofo, es decir, un técnico de opinión que se cree sabio, un especialista en la opinión y apariencia, un sabio aparente y sabio de la apariencia. Sólo hay una respuesta frente al coloniaje, ser nosotros mismos, hablar desde nosotros mismos con nuestro propio lenguaje. Tiene que haber una respuesta radical, antagónica, opuesta. Esa es la única interlocución posible..Una última cuestión para no cansarlos es ¿CRÍTICA PARA QUÉ? En primer lugar la crítica debe dejar de ser un ejercicio “puro” y especializado, a veces aburrido por la utilización de un metalenguaje oscuro y erudito que sólo conocen los académicos. Un crítico debe saber de lo que habla, debe ser consciente de su tarea y ser, en lo posible claro, porque no necesariamente lo oscuro, el metalenguaje, lo barroco y lo erudito es lo profundo. Un crítico debe dejar de pensar en los trajes del emperador y pensar en el emperador y no copiar miméticamente categorías de las ciencias naturales forzando su aplicación en las ciencias humanas, debe ser un laico y no un sacerdote que cree ciegamente en la autoridad del profeta de moda, debe dudar pero no de todo pues ello le conduciría a producir textos ambiguos. Un crítico no debe vaciar el discurso de su contenido social. Un discurso no puede ser sólo un discurso, no puede estar vacío, no puede dejar de ser social y no puede dejar de ser referencial y significativo. La crítica no puede pretender hablar rechazando decir algo..En segundo lugar, la crítica debe permitir la comprensión de los fenómenos sociales que permiten la producción de diferentes discursos conectados y diferenciados entre sí, crítica para el estudio interdisciplinario de fenómenos heterogéneos, crítica para la formación de una institucionalidad académica sólida que trabaje de forma conjunta y coordenada, crítica para construir nuestra independencia teórica, metodológica y, si se puede, terminológica respecto del imperialismo cultural, crítica para entendernos y reconocernos como iguales y como diferentes, crítica para la coexistencia y supervivencia de los diferentes sistemas literarios, crítica para la tolerancia, crítica para entender una realidad y unos discursos que se transforman aceleradamente, crítica para insertarnos en el concierto mundial con nuestra propia voz y nuestra propia mirada.


Publicado por paul guillen en su Blog Sol negro

jueves, octubre 11, 2007

EL ÚLTIMO NOBEL DE LITERATURA




Mario Vargas LLosa nuestro más cercano escritor al nobel seguirá esperando para ver si la académia sueca le entrega el nobel o en su defecto se convierta en el eterno aspirante. Pero sucede que a veces han pasado tantos nobeles de literatura. Que ya algunos han pasado al olvido a pesar de haber obtenido el premio nobel. ¿Alguien recuerda o lee a estos escritores en la actualidad? Sully Prudhome (n-1901) Federico Mistral (n- 1904) Nelly Sachs (n-.1906) G. Dledda (n-1926) B Bojorson ( n 1903) W.S. Reymonmt (n-1924) S.J Agnom ( N- 1966) Jacinto Benavente ( n- 1922) etc. No siempre los premios convierten a los premiados en escritores inolvidables.

Este años el Nobel ha recaido en la novelista británica Doris Lessing quie recibió ayer el Premio Nobel de Literatura 2007 por una obra que mira decidida en los males de la sociedad y que ha inspirado a una generación de escritoras. 'El Premio Nobel es el más prestigioso y glamouroso de todos los premios y estoy completamente encantada', dijo la escritora en un escueto comunicado difundido por la oficina de su agente literario, Jonathan Clowes.
La Academia Sueca, que concede el prestigioso galardón dotado con 10 millones de coronas suecas (alrededor de un millón de euros), calificó a la escritora de 87 años de una 'transmisora de la experiencia épica femenina que, con escepticismo, pasión y poder visionario ha sometido al escrutinio a una civilización dividida'.
La persona más veterana en lograr el prestigioso galardón es además la trigésimo cuarta mujer galardonada con un Nobel desde que empezaron a entregarse en el año 1901, y la undécima en ganar el de Literatura.
'He ganado todos los premios en Europa, todos y cada uno de ellos. Estoy encantada de haberlos ganado todos, el lote completo. Es como tener una escalera de color', manifestó la escritora nacida en la antigua Persia (actual Irán) de padres británicos en el exterior de su casa en Londres.
Horace Engdahl, secretario permanente de la Academia Sueca, dijo que la obra de Lessing ha tenido una gran importancia para otros escritores y para la literatura en general. 'Ella ha sido objeto de discusión (por parte de la academia) desde hace tiempo, y ahora el momento era el adecuado', explicó.
'Ha abierto una nueva área de experiencia que previamente no estaba muy aceptada en la literatura. Esto tiene que ver, por ejemplo, con la sexualidad femenina', añadió Engdahl.
Lessing, que se trasladó con su familia a la antigua Rhodesia (ahora Zimbabue) con seis años, trabajó de niñera, telefonista, oficinista y periodista. Su primera novela, Canta la hierba, se publicó en 1950 y es un libro que examina la relación entre la mujer de un granjero blanco y su sirviente negro. Su novela de 1962 El cuaderno dorado está considerada como su gran obra.
'El incipiente movimiento feminista lo consideró como una obra pionera y pertenece al puñado de libros que informó sobre la visión del siglo XX de la relación entre hombres y mujeres', dijo la academia. Lessing tiene, entre otros, el Príncipe de Asturias de las Letras (2001), el David Cohen a la literatura británica (2002), el XI Premio Internacional de Cataluya (1999), el Internazionale Mondello (1985 y 1987) y el Grinzane Cavour (1988), el Médicis de Francia, el Austriaco a la Literatura Europea y el Shakespeare de la República Federal de Alemania.
Este es el cuarto premio Nobel que se conoce este año de los que se otorgan anualmente como reconocimiento a los logros en los campos de la ciencia, la literatura, la economía y la paz.
Los premios se conceden cumpliendo el testamento de 1895 del millonario sueco Alfred Nobel, inventor de la dinamita.En busca de un libro de Doris
Apenas una treintena de ejemplares de alguna de las novelas de Doris Lessing aguardaban ayer a los lectores en las principales librerías de Madrid, donde encontrar obras fundamentales de la Premio Nobel de Literatura, como El cuaderno dorado, es una misión imposible.
Algunos de sus libros más importantes son:
• Canta la hierba, 1950
• Un casamiento convencional, 1954
• Al final de la tormenta, 1958
• Catorce poemas, 1959
• Cuentos africanos, 1965
• Cerco de tierra, 1965
• Gatos muy distinguidos, 1967
• La ciudad de las cuatro puertas, 1969
• Los experimentos sirios, 1981
• Los diarios de Jane Somers, 1984
• La buena terrorista, 1985
• Un paseo por la sombra, 1997
• Mara y Dann, 1999
• El día en que murió Stalin: la mujer, 2001
• El sueño más dulce, 2002
• La hendidura, 2007

lunes, octubre 08, 2007

SOBRE UN JOVEN NARRADOR CANTUTEÑO





NOCTURNO DE SINFONÍAS Y BOLEROS EN EL BAR DE LA AMISTAD.A PROPÓSITO DE CANTAR DE HELENA Y OTRAS MUERTES DE FERNANDO CARRASCO NÚÑEZ
Por Raúl Jurado Párraga

La aún breve y sólida obra de Fernando Carrasco Núñez (Lima, 1976) reunida bajo el título Cantar de Helena y otras muertes (Lima, Editorial Limapop.2006) es para nuestro gusto un texto peculiar por la estructura temática como está organizada. En este libro resaltan los relatos de fina referencia intertextual que Carrasco trabaja con prosa segura recreando espacios míticos como podemos leer en el relato que da nombre al libro: Cantar de Helena, donde a partir del relato homérico (La Iliada) se actualiza el lenguaje y a partir del desarrollo de la diégesis narrativa ésta adquiere una peculiaridad que se mueve en el espacio de la oralidad, "He dicho que he cantar mi verdad y así lo haré. Tindáreo me crió como hija suya, pero es Zeus mi padre. Algunos conocen mi historia". Se aprecia que Carrasco es un lector sagaz. Hay que anotar que por momentos el relato se oraliza como si una voz nos trasladara al espacio homérico. Otro relato que aprovecha este recurso es el titulado Un pequeño paseo en bote, donde aparece la figura de Caronte, el Barquero: "El dueño de la barca volteó y lo miró fijamente a los ojos, sólo entonces el muchacho pudo descubrir el rostro de tartáreo barquero, de mejillas estriadas y velludas, de luengas barbas blancas y desaliñadas, y de ojos áureos y calcinantes…" Estamos ante un joven narrador que muestra mucho talento para recrear la atmósfera de una obra clásica. Pero esta vez recreada desde retazos de un juego básico del punto de vista del narrador o con esa capacidad de tono oral del relato que épicamente recuerda la voz de los cantos homéricos. Por otro lado este nivel de juego intertextual que actúa como una marca peculiar se ve ampliada en otros relatos como en Sólo el viento que trae tu nombre o Una cicatriz rencorosa que recuerda el tono narrativo del cuento El desafío de Vargas Llosa. Los textos de Carrasco Núñez están organizados desde la lectura apasionada de los guiños a los autores que admira el joven escritor: Homero, Moro, Vargas Llosa, Cesáreo Martínez, Ibsen, Trakl, Faulkner, Reynoso, etc. Referencias asumidas como pretextos que generan textos de raíz madura. No se crea que son simples referencias, sino que existe con plena seguridad una asimilación a partir de su lectura y nos recuerda como quería Bacon que algunos libros hay que cocerlos en la memoria y Carrasco con estos relatos de prueba de ello. En el cuento Cantar de Helena la oralización del narrador adquiere la elevación de la memoria que transita en breves páginas por la síntesis homérica. Helena, heroína y signo perturbador son el pretexto para hablar de dioses y hombres. "Me prestarán su voz y yo hablaré entonces. Y todos me han de escuchar gritando mi verdad entre la gente" Y, efectivamente, se habla de la vida y el amor, de la tragedia y la muerte. Es curioso que estos relatos donde el ejercicio de la lectura se pone en juego se vincule con un tema recurrente en otros relatos del libro. La muerte como elemento tanático, signo recurrente que a través de la funcionalidad de sus personajes en diversas acciones van adquiriendo una densidad impactante de varias caras al momento de la lectura. Por ejemplo en Retorno a las cavernas el personaje va vinculando su accionar moroso hacia la noche final que es la muerte. Este actúa como un sujeto que hace que su final se convierta en un río que lo ha llevado a partir de la analepsis a evocar amigos, lecturas, famila, amores. "Él ya había llorado su propia muerte toda la vida y había aprendido en los últimos días que la muerte era una de las formas más perfectas de la felicidad" Rito y conciencia de la muerte. La alusión platónica de la ascensión del hombre de las cavernas a la luz, aquí es referida al revés. El hombre retorna a la sombra, a la noche, a la muerte como signo absoluto donde: "La luz del lamparín parpadeó y terminó de apagarse" Lo mismo sucede con el solitario profesor que escucha la sinfonía de Brahms en el relato que titula Última sinfonía de otoño, donde la soledad, el recuerdo y la muerte son más grandes que la certeza de la vida. Así la vida pierde sentido cuando éstas se agolpan. "Se encontró otra vez solo, escuchando la música de Brahms frente a la ventana, y en aquel instante tuvo la certeza de que esa tarde sería la última y definitiva: ya no habría dilaciones injustificadas". Llama la atención en este relato la musicalidad, los movimientos del accionar del personaje como si estuviera siguiendo los movimientos de la sinfonía. El tono, la atmósfera del relato es acompasado y aquí el virtuosismo de Carrasco nos muestra un ritmo sostenido del lenguaje para lograr dicho efecto. Esta posibilidad del lenguaje también lo notamos en Misteriosa confianza y en Una cicatriz rencorosa. Despierta nuestra atención la forma como Carrasco a través de una preciosa joyería expresiva va trazando esa búsqueda final del hombre. No hay dolor frente a la muerte, sino una cabal fortaleza para entenderla y graficar con ella universos narrativos de gran factura. Carrasco ensaya y logra poetizar el tema y mirar los ojos de la muerte de frente a partir de su palabra que hace recordar un famoso verso del poeta italiano Cesare Pavese. "Vendrá la muerte y tendrá tus ojos" Acaso la imagen real de Emilio el hermano fallecido a quien dedica el libro sea el pretexto esencial para hacernos saber que la escritura es el espacio para recrear las dos caras del hombre: la vida y la muerte como acciones paralelas hacia donde va el hombre irremediablemente. Acaso, como afirmaba Sastre también, lo único certero que poseemos es la muerte. Y esta presencia enigmática es parte del pretexto de Carrasco para crear su universo narrativo. De ahí que con euforia expresemos como M.V.Marcial "¿No os parece estúpido morir para escapar a la muerte?".
Un comentario aparte merecen los Tres cuentos rockoleros donde Carrasco con pulso maduro de escritor vivencial nos entrega cuadros con lenguaje de nocturnidad, de personajes malogrados, de solitarios amantes del arte. Por ahí se escucha las llorosas letras del tango y las acuchilladas melodías del bolero. Van tres sobre la mesa, uno pregunta, el otro se emborracha con el recuerdo de los ojos azules de una mujer. El amor lleva a la pena y al trago. El brazo amigo aparece y en balbuceo de palabras el amor se hace odio, recuerdo y pena. En otro relato los amigos juegan al recuerdo y a la pasión que nace desde el fondo de un vaso como cuando uno se seca el alma: "Se secó el rostro con ambas manos, pues lo sintió humedecido: No era la lluvia. Solo, sumido en la oscuridad y bajo la lluvia limeña, Rodrigo había comenzado a llorar". Los tres cuentos rockoleros: En el juego de la vida, Nocturno de tangos y tangas y Una sombra de odio poseen un registro citadino emparentados no solo por los temas, por el lenguaje, por los espacios de nocturnidad, sino también por el tono vivencial de los personajes y las historias que hacen recordar a narradores como Oswaldo Reynoso, Augusto Higa, Omar Ames, etc. A mi parecer estos relatos debieron haber formado un libro aparte. Porque en estos relatos si bien hay dolor, amargura, pena y angustia también se puede hallar cuadros carnavalescos sustentados en la amistad, el amor y la bebida.
Después de este buen libro que nos entrega Fernando Carrasco Núñez nos queda la sensación de estar frente a un joven narrador que dará mucho que hablar con un proyecto mayor en su trabajo narrativo.




Proyecto Patrimonio— Año 2007 A Página Principal A Archivo Fernando Carrasco Nuñez A Archivo de Autores www.letras.s5.com: Página chilena al servicio de la culturadirigida por Luis Martinez S.e-mail: osol301@yahoo.esNocturno de sinfonías y boleros en el bar de la amistad. A propósito de "Cantar de Helena y otras muertes" de Fernando Carrasco Nuñez. Por Raúl Jurado Párraga.





lunes, agosto 27, 2007

SOBRE MEMORIAS IN SANTAS





Más que una mera imitación de la realidad —como pensaba Aristóteles—, la poesía reconstruye una imagen de dicha realidad de manera original; para ello la percepción de los acontecimientos pasa por varios filtros, semejante a un rayo refracto que brota de una realidad perniciosa que se expresa en emociones intraducibles o en imágenes enigmáticas, la mayoría de las veces a través de una simbología muy personal.En este sentido, los efectos del conflicto armado interno que vivió nuestro país durante los años ochenta y principios de los noventa se perciben en los poemas reunidos en Memorias in santas. Antología de poesía escrita por mujeres sobre la violencia política a través de diversas formas, en algunos casos cruda y explícita; en otros, de forma velada y misteriosa.La poesía que se publica en este volumen responde a una antigua pregunta que sigue vigente, formulada por el filósofo alemán Adorno después de la Segunda Guerra Mundial: ¿Es posible escribir poesía después de Auschwitz? ¿Es posible escribir poesía durante y después de un conflicto armado como el de hace veinte años en el Perú? La poesía, el arte no cesan, los/las poetas y los escritores seguirán inspirándose en la realidad, sea ésta reflejo del mal; el mal no como lo entendía Bataille desde su concepción romántico-transgresora, sino desde la idea de crímenes políticos y éticos.Algunos de los poemas en el presente libro datan de la época del conflicto armado, otros salieron a la luz años después del cese de la guerra. Los sentimientos ante el peligro y el miedo en los poemas están asociados con la noche y la soledad, aunque también con el peligro y la incertidumbre.Uno de los aportes del libro es dejar escuchar la voz del otro, de la otra. La palabra de la mujer campesina nos habla con la voz de sus adentros para denunciar la violencia sexual, método del enemigo en la guerra para someter a las mujeres, para despojarlas de su dignidad. Es la otra cara de la poesía, la que dialoga con las lideresas populares asesinadas, con las guerrilleras muertas en combate o con los íconos de la cultura popular. Así, los poemas se internan entre montañas, llegan a lugares olvidados por el Estado peruano, a los escenarios de los enfrentamientos entre el Ejército y Sendero Luminoso. Cuando no, deambulan temerosos por la universidad, la cual ha sido intervenida por uno y otro bando y ya no es un referente cultural sino el sitio donde el peligro es inminente. Es lo mismo, dentro o afuera, la locura nos llama. Tanto en el terreno de lo íntimo como en el mundo exterior, el mal se ha instalado. Memorias in santas surge como testimonio literario de una época oscura y sangrienta.
Carmen Ollé realiza una apreciación muy peculiar de la antología titulada: Memoria In santas donde figuran autoras como: Gloria Mendoza Borda,Patricia Alba, Montserrat Álvarez, Violeta Barrientos, Grecia Cáceres, Rosella Di Paolo, Mariela Dreyfus, Carolina Fernández, Ericka Ghersi, Victoria Guerrero, Luisa Fernanda Lindo, Isabel Matta, Cecilia Podestá, Dalmacia Ruiz Rosas, Milagros Salcedo, Rocío Silva Santisteban, Mary Soto y Rosina Valcárcel. Un texto que enriquece la producción de las escritoras mujeres de nuestro país.

domingo, agosto 19, 2007

AYUDEMOS A LOS HERMANOS DEL SUR


Si tienes sensibilidad y valoras a tu hermano ponte de pie y ayudemos con lo que podamos. ICA,PISCO, ICA y otros pueblos del sur lo necesitan.


LINEA DE INFORMACION SOBRE DESAPARECIDOS: 0-800-10-628

AYUDA QUE SE REQUIERE PRINCIPALMENTE:-

Víveres no perecibles (especialmente conservas)-

Medicinas para el dolor, analgésicos y antiinflamatorios

Vendas y otros implementos para fracturas

Ropa en buen estado; frazadas y mantas

Utensilios de cocina y para dormir

Bidones de Agua.

LUGARES A LOS QUE SE PUEDE LLEVAR AYUDA:

- Estadio Nacional, puerta 14

- Comisión Episcopal de Acción Social: Av. Salaverry 1945 Lince

- Esquina de Av. San Borja Norte y Av. Boulevard, frente al Pentagonito.

- Municipalidad de San Borja: Av. Joaquín Madrid, cuadra 2.

- Centro Comercial Ebony: Av. San Borja Sur con Av. Parque Sur.

- Plaza Vea de Av. Javier Prado.

- Puertas de la PUCP

- Puertas de Canales de Televisión- Scipcion Llona 350, Miraflores (cdra 42 y 43 de la av arequipa)

- Ministerio de Justicia

DONACION DE SANGRE:- Ministerio de Salud (Av. Salaverry 801 Jesús Maria)

- Hospitales a nivel nacional- Plaza de Armas de Lima

CUENTAS BANCARIAS:

Banco Continental:011-0444-4444444444 (soles)

011-0444-4444444446 (dólares)

011-0444-4444444447 (euros)

Banco de Crédito:193-199999998- 0-15 (soles)

193-199999999- 1-16 (dólares)

Scotiabank:Moneda Nacional 5074657

Moneda Extranjera 3022500

Interbank:Cta. Soles: 200-0000001119

Cta. Dólares: 200-0000001118

domingo, agosto 12, 2007


UNIVERSO DE TU CUERPO


Raúl Jurado Párraga

Algunos aprenden a tocar melodías hermosas en el piano

pero a mi me basta tocar tu cuerpo

y arrancarle el fuego dormido a tu edad.

Algunos se vuelven sabios de tanto leer el cielo infinito

pero a mi me basta explorar la geografía pálida de tus latidos.

Algunos escriben cartas de pasión

mirando las tardes pobladas de gorriones y estrellas

a mi me basta dibujar con mi lengua los pliegues de tu saliva de azúcar y vino

y así, estrellarme de puro gozo en la profundidad de tus gemidos.

Algunos dicen sentir la felicidad

cuando cogen gotas de agua de un cuerpo

y recorren las calles abrazando la misma sombra del deseo y la locura

a mi sólo me basta dormirme en tu cuerpo de duna

sentir tu olor a algas

atizar tu boca encendida

silenciar mi voz con tu risa

aprender la lección de tu limpieza

recorrer de punta a punta tus venas

ahogarme de música con tus murmullos

dibujarme en el lunar secreto de tus músculos

esculpir tu cuello de humo con el cristal de mis dedos

beberme el sudor del surtidor de tu ombligo

respirar tus palabras de agua y tierra

adornar de hormigas ebrias tu cintura

vivir infinitamente sobre tu bóveda de paraíso

sólo eso me basta para entenderte.

SONIDO

Tocan tu ventana

Y no abres

Por que el viento

Puede dañar tus cabellos

Tocan tu puerta

Y no abres

Por que un hombre

Viene a cobrarte una deuda

Tocan la casa

Y levantas la mirada

Al cielo

Sabes que no podrás

Negarte a abrir

Pues un ventarrón

Te elevará al aire

Y tu negativa

No servirá para nada

Pues junto a ti

Esta el hombre

El viento

Que ahora abrazas

Y te elevan a cumplir

Con tu deuda


INCENDIO

Se que incendio tu cuerpo y la sombra de tu alma

te conozco tanto

que las torres inventadas en tu nombre

me saben a dulce melancolía de viejo

que ante ti mi memoria

esta hecha para el silencio

como ahora

que miro como nacen los caracoles bajo la lluvia

cuando incendio la pradera eléctrica de tu lengua.


DESEO

No voy a morir

sin tocar tu piel

sin saber que olor tiene tu boca

sin saber que paloma se ha escondido

en tu pecho,

sin haber olfateado tus muslos

sin saber a que sabe tu cuello

cortado por mis dientes

No voy a morir

pero ya vez mis palabras

me van demostrando lo contrario

estoy muriendo por ti bajo la luna
Hechicera.


RECUERDO

De ti me queda una gota

un pedazo de carne y un caballo de aire.

Hoy estoy juntando los fragmentos de tu risa

esa risa de iglesia infernal

esa mueca marina que me ahoga

en el vino rojo de mi pasión.

De ti me queda esa noche larga de lejanía

ese mar inmenso de locura

ya vez, algún día me agradecerás

haberte recordado en este poema.


CHOSICA

El tren y sus ruidos de colores a las seis de la mañana el río y su canto furioso a las seis de la tarde. Son doce campanadas de cobre las que se cuelgan en mi ventana mientras te confieso y rezo. Mientras trituro tu olvido mientras aplasto tu nombre con mis dedos
esta tarde en Chosica.










jueves, agosto 09, 2007


CALDO DE CABEZA

Fueron los wankas los guerreros que se comían
la cabeza de sus enemigos bajo la luz de la luna
fueron los hispanos los antiguerrreros que se comían
sus miserias escondidos bajo la sombra de sus miedos
oliendo el oro de sus sueños
pero esto es parte de la historia que nunca se escribirá
lo que quiero en todo caso es referir la crónica del caldo de cabeza
tomar en todo caso apunte de lo que aquí se cuenta
prender el fogón con bostas , pedazos de madera
y atizar hasta llegar
a la misma puerta del infierno
colocar una gran olla verter el mote limpio
aumentar el fuego hasta rechinar la furia de la candela
agregar la cabeza, patas del merino
y dejar que paguen sus culpas hasta hacerse suave como
la pulpa de la chirimoya,
más adelante aumentar mondongo, tripas y carne
cocinar por horas, horas horas
buscar un poco de sal, picar rápido perejil, cebolla china y limón
!ay caray! verán lo que pasa

martes, agosto 07, 2007

PIMER ENCUENTRO CON ARGUEDAS


Por: Miguel Gutiérrez


El primer cuento que leí de José María Arguedas hacia 1958 fue "Warma kuyay", que apareció en la valiosa antología La Narración en el Perú de Alberto Escobar, la primera en su género, que abarcaba desde los cronistas de la Conquista hasta los últimos narradores de la Generación del 50. Como he contado en otra oportunidad, Ciro Alegría ya me había introducido en el mundo de los Andes y en parte en el mundo de la Amazonía. Hasta entonces, a los trece años, yo había creído que no sólo el Perú sino el universo entero se reducía a mi ciudad natal, Piura, cuyo centro era la Plaza de Armas. Pero después de leer Los perros hambrientos y las dos novelas restantes de Alegría descubrí, asombrado, que, en realidad, el Perú era una patria más extensa, bella y compleja y que también en mi propia tierra piurana había indios a quienes había visto desde niño pero en su condición de seres invisibles. Sin embargo, recuerdo que la primera lectura de "Warma kuyay" me produjo la impresión de incursionar en otra dimensión de la realidad andina porque la voz del narrador confería una cierta extrañeza al español que yo conocía traspasándolo de emotividad y ternura, que en algo me hizo recordar los poemas de tema hogareño de Vallejo. Por supuesto, yo ignoraba por entonces que para alcanzar este lenguaje, en que los abundantes quechuismos no impedían la lectura fluida del discurso narrativo, Arguedas había tenido que librar una angustiosa contienda con el español convencional con el fin de dotar de verosimilitud a los diálogos de los personajes indios.El otro aspecto que significó para mí una revelación en ese momento era la condición del narrador, no por ser un niño, sino porque perteneciendo por nacimiento al sector de los mistis, de los señores, de los hacendados, había ya entregado su alma (con todo los desgarramientos y fracturas que ello supone) al pueblo indígena y a su universo cultural. Dos de las novelas de Ciro están escritas en tercera persona y por el uso que hace del español estándar establece una separación entre el autor y el mundo representado y lo mismo sucede en La serpiente de oro, aunque ésta se cuenta desde un "nosotros" en el que por momentos se impone la voz de Lucas Vilca, un cholo de Calemar, como el conductor del relato. De modo que el uso arguediano de la primer persona, como alter ego del propio autor, implicaba un compromiso íntimo, visceral, con la historia que contaba, con lo cual se intensifica la dimensión emotiva del discurso. El derecho a las primicias que tiene el gamonal con sus siervas núbiles es un tópico en la narrativa que alude a sociedades feudales; pero no es esto lo que confiere singularidad a "Warma kuyay", ni siquiera el amor que siente el niño por Justina, sino la relación del niño con el indio Kutu, siervo suyo y también enamorado de la muchacha, en quien actúa de manera simultánea el odio a su patrón, el violador, y el oscuro e irredimible miedo que éste le inspira. Entonces, en uno de los pasajes más estremecedores que yo había leído hasta entonces en la narrativa peruana, Kuto, un indio muy feo y gran laceador de novillos, con la complicidad del narrador, por las noches se venga con el zurriago rompiéndoles el lomo a los torillitos del patrón: "Uno, dos, tres… cien zurriagazos –cuenta el niño-; las crías se retorcían en el suelo, se tumbaban de espalda, lloraban; y el indio seguía encorvado, feroz. ¿Y yo? Me sentaba en un rincón y gozaba. Yo gozaba". Cuántas historias de mi infancia me hizo recordar este pasaje, como la de aquel anciano que se amarraba un trapo rojo en la cabeza y que flagelaba a la madre, los hijos y los animales del corral si osaban romper el silencio que él imponía en los días que lo poseía el rencor y furia. Después, en la historia, venía el remordimiento y la expiación del niño, sentimientos que yo, educado en colegio religioso, conocía demasiado bien. Muchas veces he leído este cuento, porque en miniatura contiene ya todo el universo arguediano, y recuerdo haberme aprendido de memoria algunos pasajes, como aquel, bellísimo, con que termina el relato y que resume la relación problemática –clave distintiva del género novelesco- que Arguedas tenía con el mundo: "El Kutu en un extremo y yo en otro. Él quizá habrá olvidado: está en su elemento; en un pueblecito tranquilo, aunque maula, será el mejor novillero, el mejor amansador de potrancas, y le respetarán los comuneros. Mientras yo, aquí, vivo amargado y pálido, como un animal de los llanos fríos, llevado a la orilla del mar, sobre arenales candentes y extraños".Después leí los cuentos restantes de Agua. El cuento que da el título al libro me interesó de manera especial, por su composición y el mundo social andino representado.El relato tiene una estructura escénica, casi teatral (como hará Arguedas de manera más amplia y compleja en Todas las sangres), en que las acciones en que participa toda la población tiene como escenario la aldea entera, y que sin idealizarlos (como el Kutu, hay indios cobardes o traidores a sus propias comunidades) dignifica al pueblo indígena, a través de la conducta de personajes como el Pantaleoncha que al enfrentarse a pecho descubierto con el hacendado dueño del pueblo muere abatido por las balas. El final es típicamente arguediano y recuerdo que cerca aún de la adolescencia, por el poder del lenguaje y la agónica sensibilidad del narrador, no permanecí indiferente ante su invocación: "Me caí, y como en la iglesia, arrodillado sobre las yerbas secas mirando al tayta Chitulla, le rogué: - Tayta: ¡que se mueran los principales de todas partes!".He contado esto porque al acercarme por primera vez (¿hacia fines de 1961?) a José María Arguedas ya estaba algo familiarizado con su mundo narrativo (y si bien todavía no había podido con Los ríos profundos, ya había leído Yawar fiesta, una novela que me gusta mucho, que he releído tres veces en su integridad e innumerables veces, por su carácter celebratorio, vuelo épico y dimensión maravillosa, los capítulos "Wakawak'ras, trompetas de la tierra" y "El Misitu"), pero, además, porque entre todos los narradores peruanos de la última generación que yo leía como mucho provecho y admiración era con Arguedas con quien creía sentir una mayor afinidad humana. Por entonces ya me había trasladado de la Católica a San Marcos, había abandonado los estudios de Derecho y fuera de la literatura no me interesaba nada en la vida. Pero lo más desatinado era que no me matriculé en Literatura, sino que deambulé por diversas especialidades (la más absurda de las cuales fue la de sociología), aunque escuchaba con placer algunas clases de filosofía e historia, las dos disciplinas que más me interesaban pues estimulaban mi imaginación. Entre tanto desde hacía unos tres años atrás venía escribiendo cuentos, diversos tipos de cuentos, pero por razones de temperamento, en la que se mezclaban la timidez con la soberbia, no tenía ningún vínculo con los círculos literarios, mis lectores eran mis antiguos condiscípulos de colegio, en especial, uno de ellos que era un buen lector desde los años de la infancia. Eran noches de bohemia, desordenadas y exultantes pero también terriblemente desoladoras, de modo que a estos amigos les leía, eufórico y temeroso, mis primeras historias que ellos con generosidad alcohólica celebraban, y yo en retribución les obsequiaba mis originales. Desde luego, como les sucede a los jóvenes con vocación literaria, en cualquier momento, aun en los momentos de mayor entusiasmo, me asaltaba la pregunta sobre si tenía o no talento de escritor. Los jóvenes que han pasado por este trance, saben que es una duda angustiosa, desesperante, que puede hundirte en la más oscura noche. Y comprendí que no había otro camino que mostrar tus relatos a la gente del oficio y a los estudiosos de la literatura. De modo que un día me armé de valor, escogí y saqué copia de tres de mis cuentos y con la audacia que sólo los jóvenes tienen, decidí entregar en un mismo día una copia a un narrador (José María Arguedas), a un poeta (Wáshington Delgado) y a un crítico (Armando Zubizarreta). En el caso de Arguedas, lo esperé a la salida de la clase de Etnología que dicta en uno de los salones generales de letras de la ciudad universitaria. Supongo que me dirigí a él de manera torpe, entre modesto y me temo que con alguna pizca de arrogancia. Arguedas, que era un hombre abierto, jovial y carente de solemnidad, entendió de inmediato de lo que se trataba (¡cuántos jóvenes a lo largo de los años se habrían acercado a él para darle a leer sus primeros trabajos!), recibió mis cuentos, hizo que le repitiera mi nombre y se adelantó a decirme que lo buscara a la salida de su próxima clase. Y esto me colmó de alegría y gratitud, pues yo había calculado que debido a su carga docente y a sus trabajos creativos tendría que permanecer en un odioso limbo de por lo menos de unos treinta días.Cuando una semana después volví a entrevistarme con Arguedas, yo ya conocía la opinión positiva y tan generosa de Washington Delgado sobre mis cuentos, quien, incluso, me pidió uno de ellos para publicarlo en la revista que dirigía Jorge Puccinelli Letras peruanas. También la opinión de José María fue muy favorable y coincidió con Washington en señalar cuál de los tres cuentos era el menos logrado, un texto que debía trabajarlo más o, mejor aun, reescribirlo (extrañamente, el veredicto de Zubizarreta, quien me había citado para un mes después, fue distinto; según él, éste era de los tres cuentos el único más o menos aceptable). De inmediato, Arguedas eligió el cuento que más le había gustado y en una tarjeta le escribió una nota a Abelardo Oquendo recomendando su publicación en el Dominical de El Comercio. Oquendo, a quien por primera vez conocía, me recibió en las gradas de la escalera de mármol del Diario, leyó rápido el texto y al final me dijo que por desgracia no podía publicarse en el entonces famoso Suplemento porque en el cuento se utilizaba una mala palabra (una cosa como "mierda" o "carajo") y al respecto existían normas muy estrictas. Arguedas no hizo ningún comentario a esto, pero me dijo que no me preocupara porque más adelante podía hacer publicar mi narración en una revista chilena. Luego me hizo una invitación que habría de tener una gran influencia en mis años formativos de escritor. Me dijo que cada vez que deseara conversar e intercambiar ideas con él, lo visitara ("con toda, con absoluta confianza", subrayó) a su oficina del Museo de la avenida Alfonso Ugarte, cuyo director, si mal no recuerdo, era el anciano historiador Luis E. Valcárcel.Frecuenté a José María (pero siempre lo llamé "Don José María", pese a que varias veces me invitó a que, por favor, le hablara de "tú") durante cerca de cuatro años y recuerdo que lo primero que me impresionó fue su aspecto nada académico, nada grave ni formal, y su sencillez y camaradería. Para mí definía su rostro no su frente amplia e inteligente ni su bigote característico, sino la luminosidad que irradiaban sus ojos, abiertos como si quisieran devorar la belleza del mundo y celebrar la vida. Y esto, en principio, me desconcertó, pues los desgarramientos que trasuntaban sus historias te lo hacía imaginar como un hombre melancólico y quizá algo sombrío. Por el contrario, reía con franqueza y júbilo, hasta la carcajada, y cada vez que nos reuníamos me contaba con placer y verdadero arte el último chiste que circulaba por Lima. En cambio, según los pocos amigos que yo tenía por entonces (y que cada mañana corroboraba mi propio espejo), mi rostro era apretado, hermético, no demasiado amigable y más bien algo altivo para ocultar mi insuperable timidez. Por eso, entre los dos, me parecía que José María (que ya debía haber cumplido los sesenta años) era el joven, el muchacho lleno de optimismo, con muchas tareas por cumplir, y yo el hombre mayor, viejo y desesperanzado. Y es que por esos años Arguedas atravesaba por un espléndido momento creativo y de dicha personal, por lo demás en consonancia con la época que se estaba viviendo llena de esperanza para todos aquellos que soñaban con un cambio revolucionario del mundo.Yo iba a visitarlo a su oficina del museo y de ahí salíamos, atravesábamos la avenida y en el cafetín de un japonés que hasta hace pocos años funcionaba en la esquina tomábamos varias tazas de un pésimo café, pero que la charla (la charla de José María) tornaba deleitable. Varias veces llevé a algún amigo paisano y en más de una oportunidad coincidí con otros jóvenes universitarios, como Rodrigo Montoya mucho antes de que cambiara la literatura por la antropología. Aunque Arguedas sabía escuchar, en los primeros tiempo prefería yo ser el oyente, pues quería saber todos los secretos del novelista y erigirlo en mi modelo. Pero en general él evitaba las pláticas demasiado literarias, si bien me escuchaba con paciencia hablarle de los autores europeos y norteamericanos últimos que por entonces eran mis ídolos. Por mi parte lamento no haber insistido suficiente en preguntarle por la edad en que empezó a leer novelas y cuáles de éstas determinaron su vocación literaria. Me habló sí de una dolencia nerviosa que durante años lo había incapacitado para la lectura. Con todo, antes del fenómeno del boom me confió algunas opiniones sobre unos pocos autores. Sentía una gran admiración y afecto personal por Juan Rulfo a quien había conocido en un encuentro de escritores latinoamericanos en Alemania, cuando el autor de Pedro Páramo atravesaba por una grave crisis de alcoholismo. Sentía también alta estima por la obra de Roa Bastos dedicada de manera íntegra a su patria Paraguay de la cual vivía desterrado desde hacía muchos años por su oposición a la dictadura. De Asturias me dijo que al comienzo le fascinó su narrativa, pero que después le hastió el barroquismo surrealista de su prosa. Me confesó que por su excesivo intelectualismo, Carpentier no se encontraba entre sus autores favoritos. En otra ocasión en que yo le hablaba de Ciro Alegría, me dijo que la única obra que le había gustado de Ciro era La serpiente de oro. No recuerdo haberlo escuchado referirse a Borges, pero sí, varias veces, a Vallejo, no sólo por su poesía sino por El tungsteno, cuya lectura dejó una honda huella en él y en gran parte determinó la orientación social de su narrativa. Elogió sin reservas a Faulkner y me aseguró que su novela Las palmeras salvajes lo había deslumbrado. Por último alabó las ficciones del escritor islandés Harold Laxness, lo cual me llevó a leer algunas de sus novelas, como Gente independiente, Campanas de Islandia y su tetralogía Luz del mundo. Recuerdo que con Washington Delgado alguna vez charlamos sobre la afinidad del mundo de Arguedas con el mundo revelado por Laxness en su gran novela Gente independiente.En una de las primeras reuniones que tuvimos en aquel cafetín, le pregunté si estaba escribiendo una nueva novela. Recuerdo que aquella mañana a José María se le veía más alegre y feliz que la última reunión que tuvimos, y en vez de responder mi pregunta me contó un chiste algo sucio sobre el fiasco que le pasó a un gallinazo coprófago mientras esperaba su almuerzo. El chiste era muy bueno, sobre todo por la forma cómo lo contó y que el propio Arguedas celebró con una carcajada que resonó en todo el salón. De pronto guardó silencio y casi sin transición el brillo de sus ojos adquirió un matiz que expresaban turbación y dicha. Fue la primera vez que su charla se hizo íntima, confidencial y yo intuí (y me preparé para escuchar) que se trataba de la revelación de alguna experiencia amatoria seria y profunda. No voy a contar aquí detalles de aquella larga confidencia, pero si me permitiré afirmar que José María se hallaba en un estado de exaltación y felicidad. Me dijo que debido al nacimiento de este amor –un amor pleno, erótico- no sólo le había devuelto el gusto por la vida, sino que había recuperado sus poderes creativos. Muchas historias bullían en su imaginación y sentía que le sobraba energía para plasmarlas, y recuerdo que mientras me contaba esto, por un instante se me cruzó la imagen de Hemingway que no hacía mucho se había suicidado disparándose en la boca con un rifle. Pero era verdad que José María Arguedas atravesaba por un maravilloso momento creativo. El año anterior había publicado El Sexto y yo ya sabía por Wáshington que Sologuren estaba componiendo en su pequeña Minerva, lo que según el propio Arguedas sería su mejor cuento: "La agonía de Rasu-Ñiti". Quizá azorado por la confidencia que acababa de hacerme, calló bruscamente. Pidió luego otras dos tazas de café y me preguntó si todavía quería saber lo que estaba escribiendo. Le respondí que por supuesto que sí, que (y no exageraba) estaba ansioso por escucharlo. Entonces, en dos reuniones, me narró de la manera más minuciosa y entretenida (pues era un estupendo narrador oral) la novela que ya tenía muy avanzada, Todas las sangres, y consideraba que sería su mejor novela. Poco tiempo después, una mañana que con Tomas Escajadillo caminábamos por La Colmena en dirección a La Casona de San Marcos, vimos que José María descendía de un auto en el antiguo paradero de colectivos a Chosica y nos acercamos a saludarlo. Lo vimos, recuerdo, distraído, como remoto, como desconsolado; al reconocernos, con un tono de voz que a mí me hizo recordar al niño de "Warma kuyay" y a Ernesto de Los ríos profundos, nos dijo: "yo no quería hacerlo, yo deseaba que viviese, pero tuve que matarlo. ¡Anoche fusilaron a Rendón Willka!".Si José María Arguedas quiso ejercer algún magisterio conmigo no fue en el plano de la política, entendida ésta como lucha de clases. Ciertamente conversamos sobre la revolución cubana, sobre la crisis de los cohetes, sobre los jóvenes que viajaban a Cuba para prepararse como guerrilleros, sobre el auge del movimiento estudiantil universitario (desde las bases yo había participado en uno que otro mitin), sobre las luchas sindicales de obreros y campesinos, y con algo más de detenimiento sobre Hugo Blanco y la Federación de Campesinos del valle de La Convención. Es probable que Arguedas no se extendiera más en estos temas porque en esos años las cuestiones de ideología y política aún no ocupaban un lugar importante en mi pensamiento. Años atrás había leído como un gran poema El Manifiesto Comunista y de Mariátegui me interesaban sus escritos sobre literatura y arte, y de modo privilegiado los dedicados a los movimientos de vanguardia. Faltaban dos o tres años para que empezara a interesarme realmente por el marxismo leyendo un libro sobre la polémica entre la URSS y China Popular en torno al movimiento comunista internacional. En cambio sospeché o más bien comprendí que José María quería guiarme de alguna manera (por cierto sin discursos ni peroratas) en dos problemas que estaban relacionados entre sí: orientar mi vocación literaria en el sentido de lo social y despertar mi interés por el mundo andino. Por ejemplo, en relación al primer problema, cuando fue nombrado Director de La Casa de la Cultura, él, con la generosidad que lo caracterizaba, me propuso otorgarme una beca por un año para que escribiera una novela sobre las barriadas, pues según él, éste era el gran tema de la novela urbana limeña y que Luis Felipe Angell había desvirtuado con su libro La tierra prometida. Aunque el mundo de las barriadas no me era del todo desconocido (en el segundo año de pre-letras había hecho trabajo barrial –así se le llamaba entonces-, con algunos condiscípulos de la Católica; y por otra parte conocía de cerca la historia de la creación de la barriada Mirones Bajo, porque en la invasión participaron mucha gente ayabaquina que era la tierra de mi madre), era, decía, un tema que lo sentía ajeno, extraño a las contiendas que se libraban dentro de mi propio yo. Esta fue la razón principal que me llevó a no aceptar la propuesta; la otra tenía que ver con una voz que me decía que los escritores no debían ser subvencionados por las instituciones del Estado. Creo que mi negativa decepcionó a Arguedas, o quizá lo lastimó, tanto que se sintió en la necesidad de explicarme las razones que lo llevaron a aceptar el cargo de Director de La Casa de la Cultura durante el gobierno militar que presidía el general Pérez Godoy. Con torpeza pero con respeto afectuoso y alguna vehemencia le manifesté mi opinión, en el sentido que los escritores debía mantenerse al margen del poder pero ésta es otra historia y tuvo lugar dos años después del tiempo en que transcurre esta evocación.Como seguramente ocurrió con otros escritores y poetas, Arguedas procuraba despertarme el interés y el amor por la región andina que –aseguraba- constituía un mundo complejo, trágico pero también cargado de la más pura belleza. Un día, alborozado, me invitó a almorzar a su casa, ubicada a espaldas del viejo Instituto de Enfermedades Neoplásicas, a dos pasos del Museo de Antropología, porque, me dijo, ese día habían preparado una exquisita quinua como segundo. El problema es que yo detestaba la quinua, pues durante dos años había vivido en una pensión cuya patrona era una señora chilena, alta y corpulenta, que cada jueves nos castigaba en el almuerzo con un plato de quinua hervida sin ningún aderezo donde flotaban millares de gusanitos blancos que era imposible apartarlos con el tenedor. Recuerdo que era un plato atroz, desabrido y (me parecía a mí) algo repulsivo. Mas, ¿cómo declinar ahora esta invitación sin que pareciera un desaire? De modo que controlé lo mejor que pude mi rostro y marché al sacrificio. Todavía José María vivía con su primera esposa Celia Bustamente, pero ella no almorzó con nosotros. Cuando la empleada puso en la mesa el plato de quinua acompañado con una fuente de arroz graneado, los ojos de Arguedas brillaban de orgullo por el potaje andino que en plato hondo me estaba brindando. Ahora bien; el plato que tenía ante mi vista no se parecía nada a la infame quinua a que nos tenía acostumbrados la patrona chilena. Los improbables gusanillos habían desaparecido en una suerte de crema de queso que generosamente bañaba a dos hermosas papas amarillas. Así, ya sin temor, probé el plato que de verdad era un potaje delicado, pero lo misterioso es que, acaso por la presencia del queso, recordé un plato de la sierra piurana, de Ayabaca, que mi madre solía preparar en memoria de sus padres, y ella lo cocinaba casi de manera clandestina, porque aparte de mí, no gustaba a mi padre ni a mis hermanos, pues lo consideraban un plato que sólo comían los serranos, a los cuales la gente denostaba llamándolos "serranos piquientos, patas con queso". Le conté esta historia a mi anfitrión y en seguida quiso saber el nombre del plato, los ingredientes y la preparación. El plato se llamaba repe, se hacía de guineos verdes, arvejas secas, queso de vaca, cebolla y achiote molido y se preparaba –le dije- de esta y otra manera. Creo que como nunca capté la atención de Arguedas y me pidió que le hablara de otros platos de la cocina piurana; pero como mis conocimientos de la culinaria de los andes piuranos eran muy limitados, le nombré algunos de los potajes de las tierras bajas, como el copús, la sopa de novios, las carnes aliñadas y un poco para sorprenderlo le conté de los pacazos que en el patio criaba mi abuelo alimentándolos de alfalfa y mondaduras de verduras y yucas y después los sacrificaba y despellejaba y luego maceraba con chicha de un día para otro la carne blanquísima y tierna y preparaba su exclusivo seco de capazo que servía con sarandajas y yucas de monte. Con gusto acepté repetir la quinua con queso. Luego José María comenzó a referirse a la culinaria andina, a las diversas cocinas andinas, de las punas y las quebradas de distintas regiones, y al describirme cada uno de los platos con sus ingredientes, los aliños y las formas de cocción, lo hacía con el mismo deleite y prolijidad con que describe los seres y cosas del mundo andino en las más memorables páginas de Los ríos profundos. Y mientras lo escuchaba comprendí que a través de la cocina y los alimentos yo ya me había introducido en lo más calido y tierno de un mundo que empezaba a sentirlo cercano y entrañable.En otra oportunidad fui al domicilio de José María en un estado depresivo lamentable. Como muchos jóvenes de misma edad, tenía problemas internos no resueltos aún, había prácticamente abandonado mis estudios, me aburría y humillaba dictar clases de redacción para señoritas en una academia de secretariado bilingüe y las largas noches de bohemia comenzaban a pesarme de manera atroz, y cada día era como vivir en un estado de resaca perpetua. Sin duda contribuía a acentuar estos estados de conciencia, y de ánimo, la atmósfera creada en los grupos juveniles por las últimas oleadas del existencialismo francés. ¿Qué joven que se respetase no caminaba, si eran de literatura, con La Náusea, o si de filosofía, con El Ser y la Nada, los dos libros emblemáticos de Sastre, bajo el brazo? Recuerdo que los temas más frecuentes de conversación eran sobre el suicidio y sobre el hombre como un ser arrojado a la nada, y cada quien, como Rocquetin, mientras deambulaba sin destino por los parques de Lima, recogía un guijarro para auscultarlo minuciosamente, y acceder a la experiencia de la náusea sartriana. Por cierto esta es una malvada caricatura, pues no todo era impostura en la conducta de los jóvenes; como no lo era, por ejemplo, en Pedrito Pinilla, en quien la angustia y la conciencia infeliz que lo poseía, tenía raíces más hondas que sus lecturas de Sartre. Pedrito pertenecía a una línea ilegítima de una poderosa familia trujillana, y me contó que su abuelo, que en verdad lo amaba, para enseñarle a ser patrón lo obligaba a flagelar a los peones indios recluidos en los cepos de sus haciendas. Y como el niño narrador de "Warma kuyay", una noche de tragos mi amigo me confesó: "¡Y yo los fueteaba, Miguel! ¡Yo los fueteaba para que mi abuelo no me arrojase de su casa!". No me sorprendió, por eso, cuando viajó a Cuba a recibir entrenamiento guerrillero, ni que de regreso al Perú integrase la guerrilla de Guillermo Lobatón. Y con el tiempo se supo que Pedrito Pinilla cayó en manos del ejército y que después de ser torturado desde un avión militar fue arrojado al vacío.No creo que hubiera demasiada impostura en mi rostro aquella mañana, pues apenas me observó José María al abrirme la puerta me preguntó si algo grave había ocurrido en mi familia. Por todo lo que había leído de él, yo tenía la certeza que por debajo o detrás de las irradiaciones de sus ojos, de su risa y carcajadas, de sus alegrías y exultaciones, corrientes subterráneas lo arrastraban hacia el hondón de sus traumas; sin embargo, fingiendo ingenuidad le pregunté si de vez en cuando lo invadían los demonios de la depresión, le pregunté si este estado de la conciencia lo ponía frente a la vacuidad de todas las cosas y le revelaba el absoluto sin sentido de la vida y le seguí preguntando de estas y otras cositas por el estilo, de acuerdo al rollo que se manejaba por esos años. Me acuerdo que Arguedas me respondió sin pizca de ironía y vi que su mirada se tornaba algo sombría. Sí, me dijo, a menudo tenía que luchar con esos sentimientos de angustia y desesperanza, pero enseguida agregó que tenía en la música andina el antídoto milagroso para recuperar el optimismo y el sentimiento de dicha por estar vivo. Por fortuna, aparte del charanguista Jaime Guardia y el violinista Máximo Damián, tenía otros amigos músicos en las barriadas a los que visitaba para hacerlos tocar y cantar juntos. Entonces hice un comentario que poco menos que lo escandalizó. "El problema, don José María –declaré- es que la música andina es demasiado triste". Y él: "¿Triste? ¿Dices, triste, Miguel? ¡Pero si es la música más alegre del mundo!". Y para demostrarlo trajo su guitarra, rasgó las cuerdas hasta que encontró el tono y empezó con un huayno. Me pareció una tonada tristísimo, que me puso al borde del llanto, aunque yo traté de guardar la compostura. Todavía interpretó algunas piezas más, de distintos géneros y lugares. Pero a mí, la verdad, en esa primera ocasión, todas las piezas me parecieron iguales. Poco después de ingresar en la universidad, sintonicé por unas semanas el único programa de música folclórica que se trasmitía a las seis de la mañana conducido por cierto señor de apellido Pizarro Cerrón. Acaso porque mi mente volaba por otras regiones, todo fue vano, pues toda esa sucesión de sonidos me parecían una masa sonora única de tonadas tristes y lamentatorias. Ahora, creo que José María se dio cuenta de mi desconcierto, pero se le pasó por alto que, escuchando sus cantos que no entendía, mi estado de ánimo había cambiado y para mis adentros me estaba diciendo que después de todo el mundo no era un mal sitio para vivir. Pero como dije, Arguedas no notó el cambio de expresión que debía haberse operado en mi rostro. De modo que dejó a un lado su guitarra y con cara fingidamente severa me dijo que me iba a impartir unas lecciones básicas para que yo continuara con mi educación musical, si es que un día quisiese comprender el espíritu del mundo andino. Recuerdo que tuvimos dos reuniones más, una en su casa para escuchar grabaciones y enseñarme a distinguir instrumentos, géneros y ritmos y sobre todo para diferenciar la música de los indios monolingües de las punas y la de los cholos y mistis de las aldeas y ciudades. La última lección, permítanme llamarla así, me la impartió en el cafetín del japonés; en voz baja y percutiendo con sus manos el tablero de la mesa, me cantaba tonadas en quechua y español, haciéndome las respectivas glosas; años después, revisando sus libros reconocía algunos fragmentos de esos cantos, como este que leí en su cuento "El forastero":No explicaría mi nacimientoeste dolor, este llanto,esta sombra que gritaen mis entrañas,helado cóndor…Cerca de un año después de haber conocido a Arguedas, y en gran parte influido por las charlas que sostuvimos, me dije que ya era tiempo de cumplir la promesa que me hice de subir a los andes cuando siendo todavía un churre leí Los perros hambrientos. Sentía que mi vida de bohemio ya no daba para más y entendí que alejarme por un tiempo de Lima me resultaría provechoso. De modo que renuncié a la Academia Brown y calculé que con la indemnización que recibí por tres años de trabajo y llevando una vida de austeridad extrema podía viajar durante unos seis meses por todo el centro y sur andinos. Quería visitar los sindicatos mineros de La Oroya y Cerro de Pasco que venían sosteniendo duras luchas con la Cerro de Pasco Corporation, un amigo me había pasado el dato que una comunidad del valle del Mantaro estaba haciendo gestiones para inaugurar un colegio comunal de secundaria y yo me propuse presentarme a los dirigentes y ofrecerles mis servicios como profesor, después, pasando Huancayo, me internaría en lo más profundo de los andes arguedianos y conocería a toda la variedad de indios arguedianos y a los mestizos arguedianos y a los caballeros empobrecidos y grandes señores arguedianos, deseaba beber con todos mis sentidos los olores, los sabores, los paisajes, la música del universo arguediano, porque entre los únicos libros que llevaba en mi mochila –los otros eran una antología mínima de la poesía del 50 y el poemario de Wáshington Delgado Para vivir mañana- se hallaba Los ríos profundos, que leería de manera muy pausada, saboreando cada una de las frases y tratando de reconocer los lugares descritos en la novela. Pero esto último no se lo revelé a Arguedas cuando le anuncié el largo viaje que emprendería al día siguiente. Recuerdo que don José María estuvo a punto de abrazarme de alegría. La otra cosa que recuerdo es que me preguntó sobre las razones de mi viaje. En tono de broma le respondí: "Voy a unirme a Hugo Blanco". Pero sólo era a medias una fanfarronada, porque una de las metas secretas que me impuse era entrar al valle de La Convención, instalarme unos días y Quillabamba y averiguar qué diablos estaba ocurriendo en Chaupimayo, el nombre que más venía apareciendo en los diarios, pues según las noticias Hugo Blanco se hallaba escondido en alguna cueva de las alturas de Chaupimayo .¿Y cómo no viajar para echar una mirada por esos lugares olvidados de mi país?julio, 2007


En la foto: Miguel Gutiérrez.


Tomado del Blog: Zona de Noticias del poeta Paolo de Lima

martes, julio 31, 2007

Premio Copé Internacional 2007: Poesía y Novela



Premio Copé Internacional 2007: Poesía y Novela
Bases de la XIII Bienal de Poesía"Premio Copé Internacional 2007"
1. Pueden participar todos los peruanos y extranjeros, sin distinción –excepto losganadores del Premio Copé Oro de las bienales anteriores de Poesía–, siempre que lasobras hayan sido escritas en español y se envíen en este idioma.2. El tema, metro y rima son libres.3. Los poemas deben conformar un poemario inédito –se considerará inédita la obra quehaya sido publicada parcialmente por cualquier medio–. La extensión mínima será de900 versos y la máxima de 1.500. Deben presentarse mecanografiados por una sola caraen papel A4, a espacio y medio entre líneas. En caso de que se escriba en computadora,deberá usarse letra Arial 12.4. Los participantes concursan bajo seudónimo.5. El poemario se presentará en cinco ejemplares legibles, debidamente compaginados,foliados, y anillados o "espiralados". Éstos deberán estar acompañado por un sobretamaño carta o similar cerrado, que en su exterior consigne el correspondienteseudónimo, y en el interior los nombres y apellidos del autor, número de documento deidentidad, lugar de nacimiento y dirección domiciliaria, dirección electrónica y teléfono,así como un breve resumen biográfico.6. Los concursantes podrán presentar más de un poemario al concurso, siempre que lohagan en sobres separados y con seudónimos diferentes.7. Los cinco ejemplares del poemario y el sobre tamaño carta o similar con los datosbiográficos del participante deberán guardarse en un sobre manila. Éste deberápresentarse o remitirse por correo postal hasta el viernes 28 de diciembre de 2007 a las17.00 horas a la siguiente dirección:SeñoresXIII Bienal de Poesía "Premio Copé Internacional 2007"Oficina Principal de PetroperúAvenida Paseo de la República 3361Lima 27, Perú8. También podrán remitirse a través de las Oficinas de Petroperú en provincias:Talara: Calle 400, Portón Nº 5, Talara, PerúPiura: Jirón Huánuco 228, Piura, PerúIquitos: Avenida La Marina 208, Iquitos, Perú9. Los premios serán:Primer Puesto: Trofeo Copé Oro y 16.000 nuevos solesSegundo Puesto: Trofeo Copé Plata y 10.000 nuevos solesTercer Puesto: Trofeo Copé Bronce y 7.000 nuevos soles
10. El Jurado Calificador estará integrado por un representante de cada una de lassiguientes instituciones: Academia Peruana de la Lengua, Instituto Nacional de Cultura,Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Pontificia Universidad Católica del Perú yPetróleos del Perú. El fallo será inapelable y se dará a conocer a partir de la segundaquincena de marzo de 2008.11. Los poemarios ganadores y los poemas de los finalistas que el Jurado Calificadorrecomiende por su calidad serán editados por Petroperú (bajo el sello Ediciones Copé),que se reserva los derechos para la primera edición por el período de tres años y parapublicaciones antológicas y por Internet sin límite de tiempo. Salvo esta reserva, losderechos de autor pertenecen totalmente a los premiados.12. Finalizado el concurso, los trabajos que no hayan ganado serán incinerados.13. Cualquier caso no previsto en las presentes bases se resolverá a criterio del JuradoCalificador y de los organizadores.
Bases de la I Bienal de Novela"Premio Copé Internacional 2007"
1. Pueden participar todos los peruanos y extranjeros, sin distinción, siempre que lasobras hayan sido escritas en español y se envíen en este idioma.2. El tema es libre.3. La novela debe ser inédita –se considerará inédita la obra que haya sido publicadaparcialmente por cualquier medio–. La extensión mínima será de 120 páginas y lamáxima de 350. Deben presentarse mecanografiadas por una sola cara en papel A4, aespacio y medio entre líneas. En caso de que se escriba en computadora, deberá usarseletra Arial 12.4. Los participantes concursan bajo seudónimo.5. La novela se presentará en cinco ejemplares legibles, debidamente compaginados,foliados, y anillados o "espiralados". Éstos deberán estar acompañados por un sobretamaño carta o similar cerrado, que en su exterior consigne el correspondienteseudónimo, y en el interior los nombres y apellidos del autor, número de documento deidentidad, lugar de nacimiento, dirección domiciliaria, dirección electrónica y teléfono,así como un breve resumen biográfico.6. Los concursantes podrán presentar más de una novela al concurso, siempre que lohagan en sobres separados y con seudónimos diferentes.7. Los cinco ejemplares de la novela y el sobre tamaño carta o similar con los datosbiográficos del participante deberán guardarse en un sobre manila. Éste deberápresentarse o remitirse por correo postal hasta el viernes 28 de diciembre de 2007 a las17.00 horas a la siguiente dirección:SeñoresI Bienal de Novela "Premio Copé Internacional 2007"Oficina Principal de PetroperúAvenida Paseo de la República 3361Lima 27, Perú8. También podrán remitirse a través de las Oficinas de Petroperú en provincias:Talara: Calle 400, Portón Nº 5, Talara, PerúPiura: Jirón Huánuco 228, Piura, PerúIquitos: Avenida La Marina 208, Iquitos, Perú9. El premio será único e indivisible:Primer Puesto: Trofeo Copé Oro y 33.000 nuevos soles
10. El Jurado Calificador estará integrado por un representante de cada una de lassiguientes instituciones: Academia Peruana de la Lengua, Instituto Nacional de Cultura,Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Pontificia Universidad Católica del Perú yPetróleos del Perú. El fallo será inapelable y se dará a conocer a partir de la segundaquincena de marzo de 2008.11. La novela ganadora será editada por Petroperú (bajo el sello Ediciones Copé), quese reserva los derechos para la primera edición por el período de tres años y parapublicaciones antológicas y por Internet sin límite de tiempo. Salvo esta reserva, losderechos de autor pertenecen totalmente a los premiados.12. Finalizado el concurso, los trabajos que no hayan ganado serán incinerados.13. Cualquier caso no previsto en las presentes bases se resolverá a criterio del JuradoCalificador y de los organizadores.

lunes, julio 30, 2007

POESIA OBJETO


LA POESIA OBJETO O LA ABIERTA BOCA DE LA IMAGINACION

Raúl Jurado Párraga



La poesía como actividad creativa es conceptualizada por el sujeto que la practica por poéticas de múltiples formas. A veces, se condensa en actos miméticos, otras veces se define en alusión a referentes polisemánticos enmarcadas en la mujer, la libertad, el fuego, el tiempo, etc. En otros casos, es definida como el supremo acto simbólico del lenguaje. Sólo lenguaje en función metafórica. Pero también se procura definir la poesía como actitud personal y/o colectiva. Así, nace la poesía pura y la poesía social enfrentados dicotómicamente dando lugar a sujetos de escritura conflictuados y/o ideologizados.
Dentro del canon de la poesía peruana se ha dado sin lugar a dudas un sinnúmero de posibilidades de escritura sea cual fuera la definición de poesía que se haya optado. Revisando la tradición poética peruana asistimos a ver discursos trabajados de manera experimental utilizando otras posibilidades cinestésicas hecho, que ha sido soslayado o poco recepcionado por la crítica y los lectores.
Realizada esta apreciación inicial, El Revisto Poético Humúnculus dirigida por la poeta Gladis Flores y el poeta Jose Farje Cuchillo organizaron la Primera Muestra Nacional de Poesía Objeto en el Perú, (*) en la cual participé activamente. Dónde incluso redacté una versión inicial de este manifiesto para esa ocasión. Ahí, puse mi punto de vista sobre lo que considero es una forma de hacer poesía. Debo mencionar que el poeta Pablo Guevara tuvo frases elogiosas para el texto inicial que he trastocado por ese afán casi maniático de corregir todo. En todo caso, con este texto un recuerdo honroso a la palabra del gran Pablo Guevara.
La poesía objeto resulta una variante “exótica” de producir poesía en nuestro país. Este tipo de poesía se muestra con una gran riqueza conceptual, experimental, plástica donde tranquilamente se puede filiar la poesía con otras expresiones artísticas.
La poesía de esta forma es un variante extraña en nuestro medio. Rastreando hallamos esta forma de trabajo en la obra poética de Carlos Oquendo de Amat quien con sus Cinco metros de poemas rompe la estructura formal del texto. Hecho, que no ha merecido un continuidad permanente. Pero debemos apuntar que la misma no ha dejado de producirse en otros autores. Quizás habría que darle una corporidad crítica para llenar ese vacío. Es a raíz del centenario de Oquendo donde se ha dado un impulso inusitado a este tipo de poesía e incluso se convocó a un concurso sobre poesía objeto evento patrocinado por la UNMSM y la revista Dedo Crítico que suponemos nos presentaran libros extraordinarios en es línea.
La poesía Objeto es una variante dentro de las llamadas poéticas experimentales (visual, caligramática, cinética, concreta, lúdica, objetual, fonemática, digital, electrónica, etc). Podemos hablar de una breve pero sólida tradición poética en las obras de Eielson, Aramayo, Ayala, Verásteguí, Juan Ramírez Ruiz, Toro, etc que son un registro interesante en esta línea.
Pero para entender mejor la poesía objeto y tener una apreciación motivadora aquí algunas ideas:
a) La poesía Objeto supone una propuesta bidimensional, tridimensional, infinidimensional del acto creativo.
b) La poesía Objeto posee sus propias significaciones que incorpora diversos soportes para promover la expansión de la palabra.
c) De hecho la poesía objeto moviliza la totalidad de los sentidos en una fiesta de movimiento lúdico y cinestésico expandiéndolos en múltiples direcciones.
d) Se busca la corporiedad del enunciado y no el vacío que da la simple escritura de un poema.
e) Al incorporar diversos soportes para su escritura – dibujo se logran diversas significaciones.
f) El fin de la poesía objeto es exteriorizar con ampliación del lenguaje las múltiples formas que esta pueda adquirir en el acto mismo de la creación.
g) la sensibilidad abraza la razón y de ese pacto nace el discurso en movimiento. Movilidad y semanticidad plena.
h) La poesía Objeto muestra un espacio de planos trabajados en diversos niveles que actúan como una estructura polifuncional.
i) La poesía objeto se confunde con otras menciones o en otro caso genera menciones a nivel de productos como: poema – escultura, poema- gráfico, poema- plástica, poema- Juego, poema- magia, poema- totalidad.
J) la poesía objeto nace donde termina la palabra. Ahí empieza una nueva palabra. Dónde termina el objeto comienza otro objeto. Donde termina el objeto comienza la escritura.
k) Poesía objeto es un organismo que vive en su propia raíz.
l) la poesía objeto no permite anular la tradición poética. Sino amplia la búsqueda de nuevos envases para inundar con nuevas marcas los espacios del cuerpo del lenguaje.
ll) La poesía objeto es una acto creativo donde la arquitectura de la palabra se convierte en maqueta de plástica, escultura, palabra, soporte, sonido, imagen, símbolo y alegoría.

En razón a lo expresado que esperamos seguir ampliando en otro trabajo invitamos al lector-espectador el “otro autor” a bucear e intentar crear una poética de libro objeto con la cual la literatura peruana tendrá un nueva propuesta artística.

* (El evento en mención se llevó a cabo en Lima el 25 de mayo del 2004 fue expuesto en el Bar Queirolo. Participaron varios poetas de distintas generaciones. Existen afiches y programas que fueron repartidos ese día. La exposición luego se realizó en la Cantuta y en otras universidades del País)


viernes, julio 27, 2007

XI


No puedo dejarte huérfana mujer
Con ese niño frágil en tu vientre
Debes subir a la montaña
Y convertirte en wuarmi Rumi
Te estaré mirando hasta que alzes vuelo
Hasta que nazca
Nuestro hijo y su flor amarilla
Estoy aquí, alza la vista torcaza
Estoy volando
soy el cóndor
El dios de la montaña
Wuarmicha no tengas miedo
Deja al niño en la montaña
Que pronto vendrá la lluvia buena.