martes, febrero 21, 2012

BAJO EL MANTO POETICO DEL SOL DE CIEGOS DE CESÁREO MARTíNEZ

Al cumplierse   10 años de la desaparición física del poeta Cesáreo Martínez Sánchez. El Vicerectorado Académico de la UNE, en coordinación con la Oficina de Imagen Institucional y el Instituto Cultural de esa Casa de Estudios rendirá un homenaje al poeta. La reunión será el día viernes 24 de febrero a las 6.30 p.m  en la Escuela de Posgrado de la UNE, Calle Los Agr'icolas 280  La Molina, altura cuadra cinco de Constructores. Los esperamos. 

Uno se acerca a los poetas y a su  poesía con admiración y respeto. Nuestra condición de lectores nos lleva a tomar una posición frente al texto y en varias ocasiones terminamos por navegar por un mundo representado exuberante y extraño que acaba por deslumbrarnos y en muchas ocasiones extraviarnos por el silencio y la meditación. Al leer Sol de Ciegos (Ediciones Universidad Nacional de Educación, Oficina de Imagen Institucional , 2008) de Cesáreo Martínez he tenido esa doble sensación. Por un lado, el deslumbramiento por las imágenes que recorren todo el poemario y un extraño extravío por la reflexión sobre la vida y la muerte que nos inunda en cada poema. También he creído  hallar claves de la vida del poeta en la profundidad de sus textos en prosa. Debo señalar que en este poemario se complementan y fusionan la brevedad de la poesía en verso con los poemas en prosa cuya belleza poética resulta admirable y más aún el subtítulo:  Veinte poemas de prosa y una canción desperdigada. El poemario que comentamos es un texto hibrido en su estructura ya que conjuga el espacio de los poemas en verso (20) con los poemas en prosa de igual número. A la que hay que agregarle dos textos signados como Entrada y Salida más un texto  intitulado: Que tunas las de aquellas horas, con la que suman 43 poemas en total. Estos textos  suponemos ayuda a completar la mirada  del poeta. Así, aparece  el homenaje a la madre,  a su tierra, un poema que se mueve en el espacio del recuerdo, el paisaje, el sol y la vida de Cotahuasi tierra del poeta. Mención aparte merece el lúcido estudio introductorio realizado por el poeta Tulio Mora y el testimonio amical de la poeta Rosina Valcárcel que cierra el libro.
Sol de Ciegos en la producción de Cesáreo Martínez es quizás el proyecto poético mayor que ocupaba al poeta en los últimos  años de su vida. Texto que muestra la fibra madura de un poeta que ya había dejado textos memorables como: Migraciones (1974) Cinco razones Puras para comprometerse (con la huelga) (1978) Dónde manco el árbol de la espada y el arco iris (bando para que la dirigencia se alinee con las bases) (1980) Celebración para Sara Boticelli ( 1983) El Sordo cantar de Lima (1993) no puedo dejar de mencionar su labor como ensayista y articulista en sus libros: Desde la Vigilia (1989) Cuaderno de la encuentros. Crónicas SINcrónicas (1999).  
Sol de Ciegos es para nuestro gusto el libro esencial de Chacho, en la medida en que roza un tema medular para la poesía -la muerte- pero vinculada a -la vida- esa otra cara de la vida del hombre, y en medio de ella una reflexión sobre la poesía. Chacho es consciente de esa búsqueda certera que es la muerte pero es ahí, donde aparece la resistencia de la palabra. Desde el texto Inicial (Entrada) aparece la luz como elemento temporal que permite borrar las tinieblas (la ignorancia, el olvido, la muerte, soledad, sueño) Luz que  se convierte en Sol, iluminación, pureza, origen, sabiduría, poesía, floración ) Existe la conciencia de la validez de la palabra así dice: “.. Que el universo de mi mente o la mente del universo se me ofrezca  en su elemental, límpida desnudez. Que todo lo que existe y no existe palpite en la (in) quietud y el origen” ( p.33) ese juego dicotómico entre lo que se es y lo que no se quiere ser esa la filosofía de la poesía que inunda el poemario. De ahí que el hablante lírico de este libro encuentra un interlocutor en Dios a quien incluso reclamará su papel así dice: “.. Hemos fracasado, señor, tú y yo, reconozcámoslo. Tú por haber creado tanta belleza y yo por haber concebido tanta vileza. Pero que quede claro que yo acudo al mar a semejanza del pez, y regreso  de la noche en cuanto monte en cuento fiera. Que no se confundan  nuestros roles, pues ya sabemos de quien son los errores y quien permite los horrores en esta triste y al extremo estoica tierra.”   La densidad de algunos textos obliga a hallar al ser que habla en el texto y lo vemos  construyéndose en varios poemas como la imagen de esa bestia que bufa, de ese único habitante de la aldea, de esa ave del paraíso, de ese torpe animal que parpadea, del ciego enamorado, de ese reluciente animal de infinitas alas, garras que impiden el ingreso al paraíso, de ese morador nocturno que mira el puente , el río y la noche en Chosica, de ese hombre virtuoso  de la ciudad, de ese niño que espera la vuelta de papá, de ese ser solitario y lúcido que contempla la noche desde el ojo furioso , del ojo dichoso,  de ese ojo-prodigioso-oído  que pretende ordenar el mundo. Ese hablante lírico   dice: “.. Ellos han nacido para dormir y la noche esta ocurriendo sólo para ti. Ojo y pestaña, hígado y pasión. Tienes que captar el horizonte nocturno, en un sólo segundo, máximo en dos, abolir la fugacidad del instante.” (p.59)  son esos instantes descritos por el poeta los que configuran los  mejores poemas donde la imagen del sol deja paso al ojo, al oído, es decir a la contemplación y el sonido que configuran la poesía que inunda el poemario así dice: “… Tú que  has preguntado  a los mortales dónde escribo, cómo escribo, para que escribo esto que te hurto impunemente, clava de una vez el puñal, y báñate en este poema, que es tu propia sangre. “ (p83)  E          se es el gran poema que existe el poema que es  construido desde el caos, desde la noche, desde el desgarro de la soledad del que quiere hablar por teléfono con alguien y no halla sino su sombra. Ahí está el que dice: Hoy esta siendo sábado casi todo el día/ Mas pudo haber sido martes, jueves, abril/ o cualquier otra zanja/ Pero hoy es más sábado sólo en este instante/ Tengo un pie firme sobre el puente y el otro/ baila en la claridad/ Si hubiera estado tendido en la cama/ Si filmando la curva caída de las rocas/ en la plaza solariega/ Si catando a las muchachas en el mercado/ O terco , ciego, luchando con los imposibles/ tal vez no habría sido sábado total/ Pero estoy mirando cómo corren las aguas/ y cómo suenan este aire/ Comunico a todos que es rico vivir/ Un sábado 28 de febrero a las 5:5 p.m. ( p 92)
Sol de Ciegos es un texto cuyo abordaje se puede realizar desde varias entradas desde vincularlos con otros textos en claro diálogo intertextual por ejemplo es notoria la influencia de Traviesa de Extramares de Martín Adán, por esa alusión permanente a la rosa, al sol, a ojo ciego, a la ceguedad. Revísese por ejemplo la seconda ripresa y quarta ripresa o el poema Sol o en Escrito a ciegas (Carta a Cecilia Pashero). Puede también leerse con relación a la poesía de Juan Ojeda en su Elogio a los navegantes. En su densidad filosofía-poesía. Pero quizás mucho más en relación a la poesía de otro extraordinario poeta recientemente fallecido: Alejandro Romualdo quien en su poemario: El Cuerpo que tu iluminas ( 1970)  dice: Por que eres como el sol de los ciegos, poesía/ profunda y terrible luz que adoro diariamente:/ Mis ojos se queman como los ojos de las estatuas/ mi corazón padece como un vaso de vino en un armario. ( P. 47) poeta que ha trabajado el tema del sol en diversos poemas léase por ejemplo ( A fuerza de sol, Dios material, Estreno de lujo, Blando sol de alegrías, joyería al sol, etc. Pero Chacho en su libro le ha dado otra naturaleza poética en la que circulan las voces de otros poetas como Jorge E. Eielsón, T.S Elliot, Emilio A. Westphalen, Octavio Paz, Pablo Neruda entre otros poetas.
Para terminar debo señalar que Cesáreo Martínez con este esplendoroso libro no ha hecho  sino darnos a nosotros sus lectores la oportunidad  de decir algo sobre su poesía utilizando palabras chuecas, chancadas, chamuscadas que espero hayan alcanzado formas mínimas para explicar en algo el inmenso rayo azul que se despliega de su poesía  y que nos ha convocado esta noche. Mil gracias amigo Chacho.
                                               Noche de julio del 2008 en Lima la ciega
                R.J.P
·        Texto leído en El Centro Cultural de la Universidad Nacional de San Marcos en la presentación del poemario Sol de Ciegos de Cesáreo Martínez.

jueves, febrero 16, 2012

RESTO QUE NO CESA DE SUFRIR DE JULIAN PEREZ


Resto que no cesa de insistir (Atalaya Editores, 2011. PP.137) del escritor Julián Pérez explora desde un extenso monólogo pleno de rumor,  humor,  parodia,  pastiche, la crítica  de la historia del resentimiento frente al poder, frente al accionar hipócrita  de los individuos que lo representan. Una breve novela que abofetea al lector complaciente. La novela se organiza a partir del aparente discurso frontrerizo del narrador quien nos va llevando por episodios de la historia que recuerdan el fatal “desencuentro” de razas, por un lado, y por otro la “reflexión sarcástica  frente al OTRO”. Rastrea el abuso de los blancos  aquella “cáfila de almas penantes” frente a los herederos de Puka Toro, Cayetano Quiroz. El narrador tiene en el “rata”, en el “doctor” en el “académico” los sujetos protagónicos que reciben la ferocidad de las palabras del monologante “orate sabio” quien en la voz narrativa del narrador permite “fusionar” la  “ira” cotidiana del individuo frente a otros “individuos” . Para lograr ese propósito tiene en las palabras un instrumento importante: “… Desde aquel entonces es que se me ha dado por especializarme en jugar con las palabras, hacer que exploten, que lloren, que sangren, que mendiguen, que pidan perdón.” (p.106) Pero no sólo es “la locura”  la que explota en la boca del narrador sino que se muestra como la extensión del autor: “Julián derramó su ira por todas partes: ¿Qué más puedo decir? ¿Qué más puedes decir?” (p.60) Libro escrito desde la pasión de la escritura. Novela construida  desde la parodia de estilos que desfilan desde el “registro intertextual como guiños de autores predilectos que son aludidos a lo largo de la novela”. Resto que no cesa … es una novela que busca un lector que no adule  de buena  manera lo dicho  por que hacerlo formaría  la lista de de aquellos “odiados desde el discurso por el narrador Así dice: “Miren cuánta recua viene tras de mí. Miren cuánto cojudo me adula y quiere chuparme la pinga para que les herede mi fama.” P 55  Resto que no cesa es una novela provocadora y de ruptura ya que la intención va más allá del deseo de la simple escritura: “Escribir  un libro que no tenga lectores porque todos estos están capados están metidos hasta el cuello y el ojete en las premisas del sistema” (p.62)  Escribir ese libro, contar las historias que se mezclan como letanías de lo perdido “ cuando se me sube la bilis el garguero me dan ganas de cagar por la boca.” 124 Novela que el registro novelesco de Julián Pérez  es un texto “noveloso, barroso, injurioso”  Hay que cuidarse al leerlo ya que nos exponemos a la “ira”:  Estoy buscando al traidor para acribillarlo a ventosidades” p.19 Novela de profundidad psíquica, de enunciados en libertad : “ Ya se sabe que las palabras dichas con el corazón en la mano no tienen lengua que las articule. Eso es lo que creo, lo demás qué chucha.”P51  Novelita  profética de lo que a veces no se quiere expresar ante el bien decir. El narrador coloca su coraza ante el posible ataque así dice: “Puedes reiniciar tu ataque, aquí estoy yo para repelerte, por los siglos de los siglos si fuera necesario. Amén”. 137. Estamos ante una novela extensiva  que nos recrea lo escatológico,  lo humano se vuelve mortal, la historia y el recuerdo se fusionan en abrazos de “ironía” y “sarcástico uso de la lengua”. Pero hay que mencionar que así como nos sorprendimos al leerlo hay que anotar algunas errores visibles de escritura que señalamos puntualmente:  Vallas a donde vaya, p. 14, Inmensa triste p.105, El destartalado edifico 120, Se derrumbó talmente todo. P. 130 subsanables heridas de ortografía que no perjudica el sentido total de esta buena novela de Julián Pérez.

martes, enero 03, 2012

RACIONALIDADES EN CONFLICTO COSMOVISIÓN ANDINA (Y VIOLENCIA ANDINA EN ROSA CUCHILO DE EDITH PÉREZ OROZCO

Edith Pérez Orozco joven profesora universitaria nos entrega un valioso estudio sobre una de las novelas más importantes de Óscar Colchado Lucio que tematiza el conflicto de la violencia senderista desde una postura diegética mítica como es Rosa Cuchillo.  La investigadora nos presenta un sesudo libro bajo el título de: Racionalidades en conflicto Cosmovisión andina (y violencia política) en Rosa Cuchillo de Óscar Colchado. Pakarina Ediciones, 2011. 270 páginas. Libro auspiciado por la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM. Dentro de los trabajos de investigación sobre Rosa Cuchillo debemos mencionar que es un libro riguroso por las fuentes que maneja la autora. En realidad estamos ante un trabajo que es producto de una tesis trabajada por la autora para obtener la licenciatura en la UNFV. Hay  que recordar que este trabajo se vincula a otras tesis entre las que mencionamos a: Salvación a través de las raíces. Algunos cuentos escogidos de tres escritores peruanos: Edgardo Rivera Martínez, Óscar Colchado Lucio, Dante Castro Arrasco. Tesis de Licenciatura de Angela Alliegro sustentada en Suiza: Universidad de Zurich, el año 2000. Estudio de la novela de Óscar Colchado lucio y sus efectos en la formación de valores en los alumnos del Cuarto Grado de Secundaria en el Colegio Estatal Agropecuario e Industrial “Héroes de la Breña” de Huamancaca Chico. Tesis de licenciatura en pedagogía y Humanidades sustentada por Aquila Franco Tovar y María Jibaja , UNCP Huancayo, 1999. El enunciado y la enunciación discursiva en Rosa Cuchillo. Tesis de licenciatura sustentada por Nadja Osorio en la UNSA, 2003. Pensamiento andino y crítica poscolonial: Un estudio de Rosa Colchado Lucio, tesis de licenciatura sustentada por Víctor Quiroz en la UNMSM, 2006. Etnoficción andina y colonialidad: Voces subalternas  en Rosa Cuchillo Lucio Tesis de licenciatura sustentada por  Mariano Ramírez en la UNMSM, 2006. La migración andina hacia Lima en la narrativa peruana (1981-1995) los casos de Félix Huamán  Cabrera, Carlos E. Zavaleta, Edgardo Rivera Martínez, Julio Ortega  y Oscar Colchado Lucio. Tesis de maestría sustentada por Macedonio Villafan  en la UNMSM, 1998. Vale decir, que la obra de Colchado ha motivado asedios diversos desde el espacio académico que se confirman en la alusión a las tesis que hemos citado, sin contar los diversos ensayos, artículos y reseñas que existen sobre esta importante obra. Pero volviendo al trabajo que motiva nuestra reseña debemos señalar que el libro inicialmente se detiene a “revisar críticamente” el estado de la cuestión sobre Rosa Cuchillo no se limita a enumerar los diversos trabajos que hay sobre esta novela sino que la autora ejercita un trabajo de contraste y polémica sobre los diversos estudiosos que han asediado esta novela y va imponiendo el constructo de “racionalidad andina” vinculándola al  espacio problematizado de la violencia política. En un segunda entrada  realiza un diálogo abierto entre lo mítico en el plano de la racionalidad andina sin descuidar la aplicación de una visión sociológica e ideológica que “invade” la novela. En una tercera entrada refuerza la mirada crítica  de las categorías que permiten explicar  la novela desde una lectura mítica-ideológica y desde el universo de la “andinidad” como un espacio reflexivo. En la cuarta entrada asistimos a la interpretación del discurso textual contenido en la novela. Se da una minuciosidad en el análisis  de la cosmogonía contenida en el discurso textual, un acercamiento a los personajes a sus roles actanciales y lo más importante  hace gala de una lectura dialógica sostenida en categorías andinas  como el Yanantin, los universos míticos del Kay, del Ukhu, del  Hanan. Mención aparte  es la alusión simbólica del Inkarri que es recreada como idea de permanencia de la memoria de una cultura. Un libro  valioso para entender mejor nuestra narrativa que algunos llaman “andina” y que yo prefiero llamar narrativa peruana hirviente.

lunes, enero 02, 2012

BORIS ESPEZÚA SALMÓN Y SU LIBRO: GAMALIEL Y EL ORÁCULO DEL AGUA

BORIS ESPEZUA SALMON (Juli- Puno  1960)
Estudió Derecho en la UNMSM y Educación en la UNE – Cantuta. Abogado de profesión, Licenciado en Educación en la especialidad de Literatura; publicó inicialmente su libro: Sentimiento en camino, (Puno – 1978) más adelante  dio a conocer: A través del ojo de un hueso (1988); Tránsito de Amautas y otros poemas (1990); Alba del Pez herido (2000) y Tiempo de cernícalo (2002). Obtuvo el Primer Premio en el II Concurso Regional de Poesía Cesar Vallejo 1993, organizado por ADLA “ELEGÍA” – Juliaca.
Fue finalista en el Concurso de Poesía COPÉ en los años 1995 y 1996. Espezúa  y finalmente logró el Premio Copé de Oro (1er permio en poesía)  en la XIV Bienal de Poesía “ Premio Copé Internacional 2009”  con su libro: Gamaliel y el oráculo del agua. Libro que demuestra la destreza y valía de sus poética. Walter Bedregal señala que la obra del poeta “… está inmersa en la desprivatización de la obra literaria, es decir en la fractalidad poética. La andinidad de sus versos aflora con un ritmo pausado que a veces tienden a denunciar a un Vallejo, aquel de las lecturas filosóficas del danés Kierkegaard, tal vez lo que une a Boris con toda la poesía puneña, desde el autor de los 5 metros.”  Pero no sólo se da ese hecho sino que en su libro sobre Gamaliel y el oráculo del agua Boris Espezúa  amplía su mirada hacia la “andinidad”, hacía una forma de pensar desde el gran lago, de rescatar la historia, la filosofía del mundo aymara, un homenaje  intertextual al Pez de Oro de Gamaliel Churata, una forma de afirmación de nuestras raíces ancestrales. Boris  Espezúa nos ha regalado un espacio poético que germina desde los orígenes y hace crecer sus versos en la ruta de la modernidad. El poemario nos lleva de la mano por la historia de Orkopata, de la bohemia andina. Existe la necesidad del “registro cultural” de la cosmopolitización cultural puneña. El libro recorre en su registro el estatuto  de la memoria de los hombres anónimos, el espacio de la oralidad ancestral  permite la recreación  de un proyecto ideo-estética de una autonomía poética. Se  fusionan los planos de la vanguardia poética con el hallazgo de una identidad cosmogónica donde lo tradicional da paso a la mitología, a la religiosidad, a la germinación del “gran pez de oro” que guía la voz del poeta. El oráculo es la voz  mitico-filosófica que desde el poema, desde los versos van construyendo una gran unidad terrígena y simbólica de gran literatura andina. “ Hace mucho tiempo el Altiplano estuvo  cubierto con agua uránica y desde su cúspide emanaba abundante líquido benéfico y purificador” ( (pág 17) Es el agua el símbolo de la fundación , el espacio genésico de la vida y  la muerte. Es la tradición de la historia, es la utopía de lo que vendrá: “ esta agua renovada traerá los partos sagrados permanentes y los demiurgos anunciados por el oráculo del agua” (pág. 19) Lo cósmico da paso a vida en movimiento donde la fauna y flora son signos de lo vital. Le leche de los sagrado y lo mítico dan paso a la imagen del “pezón de la tierra”  es la  fuerza nutricia del lago, el regalo de la Pachamama, el barro divino que junto a la llama del Inti hacen nacer la raza: “Nací para no rodar en el  martirio de mi raza y no embriagarme con la tristeza” (pág. 32) El libro funciona como un gran rollo genésico, genealógico,  pergamino que se va escribiendo con insectos, aves, mamíferos, felinos y junto a ellos los dioses y los hombres. El poemario apuesta por una presencia discursiva múltiple por ahí la historia cultural (La Escuela 881, pág. 41, La Bohemia andina, pág 49, el grupo Orkopta, pág 57, Boletín Titikaka, pág 67 ) la historia particular de los intelectuales ( José Antonio Encinas, Gamaliel Churata, Etc) el discurso simbólico sustentado en “vocear el contenido de la filosofía contenida en el Pez de Oro”, la recreación de la vida en el Altiplano de Brunilda y Teófanes como marca de la vida bullente,  mención aparte es el espacio discursivo mítico donde el Zorro de arriba grafica su historia y la historia de los otros. Boris Espezúa desde sus libros anteriores ha  construido un gran mosaico del mundo mágico Peruano –Aymara-identitario de nuestra raíz, de nuestra germinación autóctona. Una voz poética vigorosa, una poesía llena de simbología que debe esperar lecturas sostenidas en el futuro.  Estamos con este libro frente a un gran poeta cuya sencillez amical es la vez una  gran lección de la palabra hecha poesía.
“Recuerdo que aprendí en mi niñez a dejar hilachas de saliva en el campo cuando me asediaban las aves negras y el silencio en los arroyos del Altiplano, donde hacía círculos concéntricos para unir a toda la naturaleza y pedir que se alejen  de mí. Con sal en los bolsillos cogía las culebras hasta sacarles el pellejo y comía su carne blanca para tener el valor de enterrar al viento con la danza de los zorrinos, para que al orinar no me dejen su olor por largos meses y más bien oigan las lágrimas de los látigos dormidos. Por eso siempre tuve fe en los presagios, en los pájaros que son los últimos  en despedir la aurora, porque son los conjuradores de los verdaderos cambios. De allí tuve la certeza que el polvo reunido en la mano de todo lo que fue ocultado por la piedra, algún día retumbaría en su puño”  ( De: Gamaliel y el oráculo del agua. Pág. 128)






EL SOL Y EL VIENTO NOS CONVOCAN
                             ALREDEDOR DE UNA KANTUTA
EL AGUA ES UNA METÁFORA DEL DÍA
                           MEJOR AÚN SI SU PULSIÓN
                          RESPLANDECE LOS JARDINES.

lunes, diciembre 26, 2011

2 LIBROS DE MIGUEL GUTIERREZ


Miguel Gutiérrez Correa nos entrega dos libros: La cabeza y los pies de  la dialéctica  (Derrama Magisterial, 2001. 501 páginas)  y  Una Pasión Latina (Alfaguara, 2011. 272 páginas) El primer libro cierra el ciclo de su labor ensayística. Gutiérrez importante autor de importantes novelas con anterioridad nos había regalado al placer de la lectura dos libros de ensayo: El pacto con el diablo y la Invención Novelesca donde pudimos sopesar la actitud reflexiva  sobre el hecho literario, entender los mecanismos de su lectura “marxista” y los más importante “reflexionar” en voz alta espacios de nuestra cultura literaria. Si bien hay espacios “ideologizados en varios artículos  en su libro: la cabeza y los pies de la dialéctica esta no deja de provocar un “elogio a sabiduría”  a la madurez de la polémica de cada ensayo, artículo o reseña que componen este libro. No hay más que transitar por lalectura que se nos propone por momentos “ortodoxas”  pero en la mayor parte “abiertas” a la lectura crítica. No sólo hay un compromiso ideológico sino que esta se acompaña de una postura “ética de lo bien documentado y escrito” de los ensayos  y ahí reside el mérito de Gutiérrez Correa
El segundo libro es el otro lado, donde lo creativo nos lleva a leer con pasión un thriller en tono policial. No sólo es la Historia  de un simple informe sobre un descuartizamiento  sino que lo narrado sirve para alcanzar otros fines. Nolasco Vilchez el personaje central de la novela arrastra  el signo de la condición mestiza  como una afrenta  que debe corregirse a través de una muerte de  su mujer “gringa” Karen Spiegel en el mismo corazón político del mundo Washington y esa casa descrita maravillosamente  se convierten en el verdadero cuadro para borra la afrenta milenaria. Asistimos a la historia de una pareja atormentada que da pie a otras historias que unidas una tras otra van configurando el discurrir de “otras historias” escondidas ya en Ayacucho, Piura, o Washington. A partir de las indagaciones humanas se van tejiendo la búsqueda de “verdades” que no se clarifican sino en la reconstrucción de los hechos que practica  Artimidoro Correa quien no sólo es el “memorista de la historia” sino el involucrado en esta ficción novelesca. Gutiérrez  señalaba que: “todo escritor  busca la forma necesaria para escribir una novela” y en esta novela Pasión latina  no sólo conjuga ese hallazgo sino que desarrolla con maestría el tono para contar “las aventuras de esta  novela”. El interrogatorio a la que es sometido Artimodoro Correa por parte  de la policía local, así como del FBI son tan reales que resultan tan creíbles para el lector  que puedo señalar que este trabajo sólo lo puede realizar un escritor en la plenitud de su madurez creativa. Hay que recordar que Miguel Gutiérrez ha hallado la fórmula perfecta para escribir cada una de sus  novelas. Cada escritor se enfrenta a muchas posibilidades de escritura  pero también es consciente que cuando se logra el tono buscado la novela es escrita con mucha facilidad y nosotros los lectores comenzamos a gozar con su lectura y agradecemos que de una historia truculenta como es Pasión Latina se haya logrado una buena novela, aparentemente frágil en relación a otras novelas del mismo Gutiérrez pero con una claridad que sólo está reservada a un escritor de oficio y madera.  

domingo, diciembre 04, 2011

MIGUEL LESCANO TENA: UN NUEVO POEMARIO

Miguel Lescano Tena, polifacético artista se mueve con maestría en las artes plásticas, como en el universo de la poesía. Desde su lejano vinculo con la Cantut,a Lescano Tena ha caminado con madurez por varios paises  desarrollando ambas labores artìsticas. Desde sus libros: Sonrisa negra, Lima sobre lima, hoy Lescano nos entrega un nuevo trabajo: La música dibuja el cielo que será presentada este viernes 9 de diciembre a las 7:30 pm en la Escuela de Arte Corriente Alterna ( Av, Aviación 500) y contará con los comentarios de las poetas Rocío Silva Santisteban, Victoria Guerrero y Melissa Patiño. Desde este modesto Blog una abrazo y felicitación a Miguel. Lo que sigue es un interesante trabajo sobre el libro escrito por el poeta Eduardo Chirinos.
EL TALAD  RADO CIELO DE MIGUEL LESCANO
Yo no soy agresivo,
sólo estoy observando.
M.L
No podemos saber qué día (o qué noche) de 1984, Italo Calvino visitó la Maison de Balzac para ver la exposición “Dibujos de escritores franceses del siglo XIX”. Lo que sí sabemos es que ese conjunto de garabatos, caricaturas, acuarelas y una que otra pintura lo impresionó hasta el punto de dedicarle una crónica en la que reflexiona acerca las relaciones entre el grafismo pictórico y la escritura en el romanticismo francés[1]. Luego de detenerse en cada uno de los escritores (donde también encontramos poetas como Baudelaire, Rimbaud y Mallarmé) Calvino evalúa sumariamente su calidad artística, y dictamina que mientras más académicos y correctos eran los dibujos, menos interesantes le resultaban. Para la mirada curiosa y analítica de Calvino, el “grafismo pictórico” es una destreza que no todos compartían, y sugiere (sin enunciarlo) que se trata de una alternativa frente al incómodo silencio que amenaza al escritor. El hecho de que estos dibujos sin estilo y muchas veces mal trazados aparezcan en el momento en que se ha detenido un poema o atascado un relato, dice mucho del modo en que un sistema de representación acude para cubrir la ausencia de otro. ¿Qué escritor no ha llenado su página de monigotes y garabatos como si estos fueran a darle las palabras necesarias para seguir escribiendo? Esta situación pone en escena la envidia que los escritores profesan tradicionalmente a los pintores. En su Diario de 1869 los hermanos Goncourt escribieron: “¡Dichoso oficio el del pintor comparado con el del hombre de letras! A la actividad feliz de la mano y del ojo en el primero, corresponde el suplicio del cerebro en el segundo: y el trabajo que para uno es un goce para el otro es un sufrimiento…”[2]. Con esta cita termina la crónica, lo que nos invita a sospechar que el buen Calvino también era usuario de tan sana y creativa envidia.
Una vez leída la crónica, uno se queda pensando si en alguna ciudad de museos invisibles habría lugar para una exposición de artistas plásticos que escriben. Podemos imaginarlo: salas repletas de pinturas, esculturas y grabados incompletos acompañados por anotaciones que reemplazan aquello que el artista necesitaba para culminar su obra. A la salida de esa exposición imaginaria no sería difícil invertir la cita de los hermanos Goncourt: “¡Dichoso oficio el del escritor comparado con el del artista plástico! A la actividad feliz del cerebro en el primero, corresponde el suplicio de la mano y del ojo en el segundo”. En este juego de envidias recíprocas no pueden faltar aquellos que tienen otra arte como vocación —artistas que escriben, escritores que son artistas plásticos—, sólo que la segunda vocación será mirada con complaciente simpatía o, en el mejor de los casos, como una clave para entender la primera vocación. No de otro modo han sido miradas las pinturas surrealistas de César Moro y las perturbadoras acuarelas de José María Eguren[3].
Estas reflexiones vienen a cuento para comentar el segundo libro de poemas de Miguel Lescano La música dibuja el cielo[4]. Grabador, pintor, fotógrafo, curador de exposiciones, Lescano es dueño de un amplio registro en el que no podía faltar la palabra. De hecho, el grabado permite (más que cualquier otra expresión plástica) la presencia de la palabra sin que se la advierta como una intrusa. Basta hojear cualquier catálogo de Lescano para comprobar la importancia que tiene la palabra no sólo en términos de grafía letrista, sino de composición: en sus grabados y pinturas la letra cumple la misma función que le asignamos cuando hablamos de la letra de una canción. No es casual, entonces, que en su obra la letra se desmarque en búsqueda de espacios más autónomos de representación. No es casual, tampoco, que el título de su libro aluda a una alianza entre dos artes que, por lo general, tienden a excluirse: la música y el dibujo. El verso “La música dibuja el cielo” (tomado de un poema de  Westphalen) alude a una contemplación imposible ya que ni la música ni la plástica podrían representar las notas musicales dibujando algo tan inabarcable como el cielo. Pero esa contemplación sí es posible verbalmente: basta con enunciarla y dotar a esa enunciación de una realidad que exista independientemente de su referencia. Esto es precisamente lo que ocurre en la poesía.
En una conversación casual, Lescano me confesó que escribía un libro cada diez años. Es claro que sus experiencias reclaman ser reelaboradas por medio de la plástica, y que a ella le dedica la mayor parte de su energía creativa. Pero es claro, también, que esa dedicación se ve acompañada de otro reclamo: entre rodillos entintados, grabados a medio terminar, labores administrativas y tareas domésticas surge la música, y con ella la demanda de una letra que le dé cuerpo. La música es implacable con aquellos que viven con el oído alerta. Por eso no importan los años que transcurran entre libro y libro, lo que realmente importa es la fatalidad de escribirlos: sólo la fatalidad distingue a un poeta de alguien que escribe poemas como un simple pasatiempo. Decir que estamos ante los “poemas de un artista” es decir muy poco: a la poesía le tiene sin cuidado a qué otras labores se dediquen los poetas; decir que estos poemas recurren a imágenes visuales es perder la perspectiva: muchos de los mejores poetas recurren a imágenes visuales y son incapaces de trazar un palote. Lo que resulta atractivo de este libro es que se ofrece como una mirada alternativa a los estímulos que impulsan una obra plástica. La agresividad que transpiran sus páginas responde a un modo de observar que es, también, un modo de recomponer una realidad amenazante y exigirle respuestas, como ocurre en “Acercamiento”: 
Los transeúntes no me ofrecen respuestas.
Me siento como un demente que busca
pintar paredes para expresar deseos,
pintar la rabia, usufructuar otras vidas.
¿Qué puedo hacer ante este paraíso Dadá?  
Este poema se encuentra enunciado desde una rabiosa imposibilidad: ante la falta de respuestas, el hablante se siente “como un demente” que desea expresar sus deseos pintando las paredes, pintando la rabia y usufructuando otras vidas (ser otro es la definición clásica de la locura). Cualquier lector podría entender que se trata de una queja de las muchas que aparecen en este libro; pero saber que estamos ante un hablante-artista le da otra dimensión, pues el poema es perfectamente capaz de enunciar la impotencia de expresar pictóricamente ese momento. No estamos aquí ante un resentido alejamiento de la realidad. Todo lo contrario, estamos frente a un intento por comprenderla de más cerca (el poema se titula “Acercamiento”) y adentrarse en los mecanismos que activa el deseo en la creación artística. El poema termina con una interrogación que es, también, un reclamo: “¿Qué puedo hacer ante este paraíso Dadá?” La pregunta no es ingenua. “Dadá” es el adjetivo irónico del paraíso donde se sitúa el hablante, pero al mismo tiempo es el interlocutor a quien le demanda una respuesta (“¿Qué puedo hacer ante este paraíso, Dadá?”), y una respuesta al sinsentido de lo que está buscando (“¿Qué puedo hacer ante este paraíso?, ¿Dadá?”). Podría seguir multiplicando ejemplos, y todos ellos conducirían a descubrir en Lescano a un artista para quien la poesía no es un arte subsidiario de la plástica, sino su doloroso complemento. Lo mismo podría decirse de la música.
          Presente desde el título, la música es el verdadero fantasma que recorre las páginas de este libro. No me refiero a la seca y a ratos rasposa musicalidad que respiran estos poemas y le otorgan su sello, sino a la música como deseado (o indeseado) soundtrack de la experiencia poetizada: Debussy, Keith Jarret, Depeche Mode y, en general, el jazz, el huayno y el rock le sirven no solamente como banda sonora de sus poemas (y de las ciudades europeas y americanas que figuran en el libro), sino como pautas rítmicas y culturales que definen su tono. La relación del hablante con este fantasma es ambivalente y conflictiva: si en algunos momentos lo rechaza (“Hoy la música no me importa./…/Deseo desaparecer como sombra en la oscuridad”) o duda de su apoyo emocional (“¿Odio o amo esta música?”), en otros lo acepta como el único recurso de supervivencia (“Una vez más, la música salva al hombre”).
            Pero la música no es lo único que salva al hombre. También están los mitos populares creados por el cómic, y en particular Batman, el señor de las tinieblas. Omnipresente en la obra plástica de Lescano (quien ha presentado la exposición Lima Gótica con dibujos, pinturas y grabados alusivos al tema), Batman es el súperheroe mestizo que exhibe su condición atormentada en una ciudad tan confusa y alienante como Lima. No se trata de forzar la analogía entre las capacidades de un artista peruano y un superhéroe del primer mundo, tampoco de aclimatar el cómic de Bob Kane en el espacio limeño, sino de una introspección personal y social en la que Batman juega un rol de conocimiento. En un artículo publicado en la revista Artmotiv, el crítico Alexis Mendoza hace notar que uno de los factores que define la trayectoria artística de Lescano es ”su obsesión por identificar los orígenes y las transformaciones de la ciudad que lo vio nacer y crecer, identificar las realidades y mitos reflejadas en sí mismo bajo el dominio de un superhéroe sudamericano”[5]. Esta identificación se produce gracias a una estratégica y calculada alianza entre la grafía y la plástica.  De hecho, uno de los grabados más impactantes de esta muestra es la serigrafía “Intrigante mestizo” donde figura —además de una silueta de Batman— un extenso poema en letras góticas sin puntuación ni cortes versales. Este mismo poema aparece en el libro con el nombre de “Lima Gótica” pero, a diferencia de la serigrafía, los versos se encuentran debidamente pautados, sin compartir espacio con otras imágenes. En el mejor estilo beatnik, el poema está organizado por la reiteración anafórica —“Yo soy Batman…”—  que se amplifica como alas de murciélago conforme avanza la lectura, reforzando en cada periodo la transferencia simbólica entre el hablante y el superhéroe:
Yo soy Batman
El que viaja por los cielos de Lima
Intrigante mestizo de Valdivieso City
El que salva vidas por las noches
Noches de húmedas canciones de rock
El que recorre letanías de palabras
Y huye de disparos a quemarropa 
Yo soy Batman
El que deambula por nubes
Buscando cómo olvidar la paranoia de vivir
Yo soy Batman
El obstinado
El de piel de metal
El que araña la tierra
El que pintarrajea paredes
Yo soy Batman
El que ama en silencio
El que está y no está en casa
El que pone color a los sueños y duerme de día
El que viaja miles de veces por un cuadrado blanco
Yo soy Batman
El que tartamudea de nervios
El de ojos chinitos sin risas ni preocupaciones
Yo soy Batman
El que se oculta en historietas
En esquinas borrosas de esta Lima gastada
El que ama las canciones del jirón Kilka
Soy Batman
El que cree en la justicia
Aunque sólo sea una ficción más
Como esta historia sin historia
Como esta canción sin música
El que invitan a pelear con las hormigas
Soy Batman
El que duerme en su baticueva de ladrillos
Con letras regadas en el cielo
Yo soy Batman
El que nunca vendrá a defender la justicia
No se trata del mismo poema. En la serigrafía los versos se hallan impresos en un espacio que comparten con imágenes caóticas y un puñado de números arrojados arbitrariamente en la composición. Este juego de expresiones simultáneas nos hace pensar en el poema como las “letras regadas en el cielo” con las que duerme el superhéroe mientras sueña con el taladrado cielo de Lima. Es como si el poema impreso en la serigrafía fuera el alter ego del poema del libro. O, mejor, como si  Batman (el intrigante mestizo), fuera el alter ego de un Bruno Díaz perdido en una amenazante Lima Gótica.
          Me gusta pensar que esa serigrafía ha sido pensada para la imaginaria exposición de artistas plásticos que escriben. En ese museo invisible inspirado por Calvino veríamos al “Intrigante mestizo” sin necesidad de letreros que expliquen lo que el artista necesitaba para culminar su obra.

Eduardo Chirinos
Missoula, verano de 2011
                                               


[1] Italo Calvino. “Escritores que dibujan”. Colección de arena. Trad. Aurora Bernárdez. Madrid: Alianza Tres, 1987. pp. 69-74.
[2] Citado por Calvino, p. 74
[3] El intento más serio por rescatar las obras plásticas de Moro y Eguren lo ha llevado a cabo Emilio Adolfo Westphalen. En 1969 publicó en la revista Amaru “Pinturas y dibujos de César Moro”, donde dice: “Insistamos, en especial, en reconocer que al lado del C.M. poeta hubo desde un principio, paralela y constantemente, el C.M. pintor, y que ambas actividades se desarrollaron a un mismo nivel de calidad y acierto y con igual grado de clarividencia”. En 1986, el mismo Westphalen publicó en Debate “Pinturas y fotografías de Eguren –el poeta”, una apasionada defensa de Eguren como artista plástico que merece figurar —al igual que Moro y Ricardo Peña Barrenechea— en el catálogo más exigente de artistas peruanos del siglo XX. Ambos textos están incluidos en Emilio Adolfo Westphalen.  Escritos varios. Sobre arte y literatura (Lima: FCE, 1996).
[4] Miguel Lescano (Lima, 1963) ha publicado anteriormente Sonrisa negra (Lima: Cono Norte Ediciones, 2002).
[5] Alexis Mendoza, “Lima Gótica: mitos, realidades, ilusiones, vivencias y testimonios”. Artmotiv 11 (2011): 46-51.

viernes, noviembre 25, 2011

POETAS EN LA VIEJA CANTUTA

La Cantuta y sus problemas cotidianos. La Cantuta y su campus verde. La Cantuta y sus viejos profesores, La Cantuta y sus sueños y dentro de ese ambiente los jóvenes poetas.  La Cantuta  no es ajena a mostrarse con lozanía y frescura  en la mirada de sus creadores.  La Cantuta del pasado y su esplendor de Viejos MAESTROS, no profesores. Como no recordar los pasos de: José María Arguedas,  Luis Jaime Cisneros, Manuel Moreno Jimeno, Juan Gonzalo Rose, Washington Delgado, Miguel Gutiérrez, Oswaldo Reynoso, Félix Huamán Cabrera etc. La Cantuta y su frágil actualidad de “cambios y resistencias” es en ese lugar que nace la poesía cantuteña. Poesía de afirmación, de hallazgos, de rupturas, de búsqueda. Atrás queda la imagen de Manuel Morales quien publicó su único libro: Poemas de entrecasa (1969) en las gastadas máquinas offset de nuestra universidad. Atrás quedan Algemiro Pérez Contreras, Artidoro Velpatiño. Hoy por estos tiempos la poesía vuelve de la mano de varios poetas jóvenes: Manuel Luque  (lima, 1974) ensayando el rumor de una poesía “bronca y callejera” un grito versal de la existencia en su libro: La Estación de la muerte (Toro de trapo Editores, 2011). Con anterioridad Luque nos había entregado  su libro: Huerto de los alientos bajo la mano de ediciones letra en llamas. Breve libro que compendiaba su trabajo poético de 1997 a 1999. Luque sorprende por su vuelta al reino de la poesía ojalá no huya por el silencio porque sus versos ya están llamando las puertas de la madurez poética.
Paolo Astorga (Lima, 1987)  Nos entrega esta vez, su libro: Detrás de las ventanas en la joven editorial que ha publicado el libro de Manuel Luque. Astorga va con mano firme, y ardiente sabia consolidando su trabajo. A pesar de su juventud es un “viejo creador” de otros  libros: Anatomía de un vacio, sin llegar a lo invisible, De Lima a Chosica. Astorga en este último libro afirma la pasión de la existencia del hombre, ese ser que transita sin temor por la pasión de las palabras.
MI ÓPERA PRIMA.César Pineda Quilca  (Lima, 1980) es el otro poeta quien nos entrega su libro inicial: El arribo de un éxtasis violento (Toro de trapo Ediciones, 2011) un poemario donde la brevedad de los poemas permite la construcción de una poética que permite que el poeta ensaye una poética. Hay  una construcción del “hacer, del querer, del sentir” poesía. Pineda es consciente de su trabajo no alardea sino que intenta con sencillez mostrar el campo de una poesía aún balbuceante pero de llamativo minimalismo conceptual. Pineda va construyendo con fragmentos la totalidad de su trabajo creativo.
Roy Dávatoc (Jaén, 1981) se convierte en el joven editor de los tres poetas anteriores desde su casa poética (Toro de trapo ediciones) pero Dávatoc,  también nos regala un pequeño poemario titulado: La lluvia nos detiene (Eclosión Editores, 2011)  donde los textos se tiñen de sentimientos que marcan los pasos de la frustración, de la agonía y la poética catártica de la existencia.
Los  poetas y la Cantuta. La Cantuta y sus poetas. Cuatro poetas que pueden ser más si agregamos a la poeta: Karina Moscoso, y José Cruz que forman parte de este inusual colectivo poética en los “salones abiertos de la vieja Cantuta”.

La poesía es una actividad indefinible y perdurable en la voz de los poetas. De ahí que aún se siga escribiendo, publicando y circulando en los lectores. La poesía aquel armazón de palabras que rodeadas de la sabiduría de las musas Polimnia, Erato, Calíope sigue naciendo, creciendo y muriendo. La poesía  cada día encierra a los poetas y sus poemas. Hay tantos poetas y tan poca poesía auténtica que a veces preferimos leer el cielo que nos alumbra. A veces llegan algunos libros de poetas amigos  y estos poemarios alegran nuestras tardes limeñas que a veces se llena de gallinazos abúlicos. Para qué escribir poesía en estos tiempos. Para qué publicar en estos tiempos. Para qué perseguir la poesía vanamente y no dejar que ella nos invada con su sabiduría silenciosamente. Acaso no han hecho caso al consejo del viejo Erza Pound que decía: “Déjese de hacer versos amiguito; con eso no se saca nada”. Pero los jóvenes poetas persisten y algunos  escriben y escriben poemas absurdos, otros escriben y no leen su tradición, otros publican y publican, otros se antologan y antologan a sus patas, otros que son los más creen que escriben poesía y nos se han dado cuenta que han nacido muertos. En fin lo que no se debe permitir es la mediocridad en los poetas decía Andrés Bello.
Pero a qué viene el comentario anterior quizás a pensar en voz alta la manera como se construye “el canon poético limense” no digo nacional por qué es mucho decir. Los poetas ¡ay los verdaderos poetas! Son póstumos. No siempre los “autoconocidos” “autoranquedaos”, “autoafirmados” , “apadrinados”, “archipublicados”, “marqueteados” en festivales de poesía, en premios, en eventos, quedan. Recuerden a Carlos Oquendo, a César Vallejo, a Gamaliel Churata, al propio Arguedas  ellos en su tiempo eran ninguneados, vejados críticamente pero ya ven han trascendido a tres críticos insobornables Drummon de Andrade dixi: han vencido al tiempo, la polilla y la humedad. Los poetas verdaderos nos hacen bulla, no bailan a la luz de las cámaras, a la luz de los periódicos. Ellos son parte del laberinto de la autenticidad poética cuyos textos crecen lozanos por los siglos de los siglos amén.