viernes, julio 06, 2012

A LOS MAESTROS


Muchos profesores, demasiados alumnos. Pocos maestros, pocos discípulos. Poco saber, mucha ignorancia. Poco amor por enseñar más allá de lo que se debiera, mucha desidia para hacer sólo lo necesario.  Pocos sueños que se logran en el Diario Educar diría Constantino Carvallo. Pero al final de cuentas uno va gastando su vida de a poco en clases diarias. La imagen es la de ejercer mendicantemente largas sesiones de clase gastando la garganta por pocos soles. Estamos ahí, con nuestros libros, nuestras tizas, nuestros lapiceros, nuestras laptops,  nuestra sangre edificando el valor de educar diría Fernando Savater. Quién no  ha tenido maestros no sabe la verdad del aprendizaje. Hasta la naturaleza nos enseña cotidianamente. ¿Quién no  se debe a la voz, al saber de un maestro?. No nos pueden negar existimos con nuestra impecable postura de maestro. Somos los maestros la voz cotidiana de  la lección de la sabiduría. No podemos quejarnos de nuestra profesión, sino afirmarla con orgullo. Porque ya José Antonio Encinas en 1930 decía: “El más alto cargo de un ciudadano puede desempeñar en una democracia es el de maestro de escuela”. Por eso basta ya de profesores inmóviles, basta de profesores  conformistas y quejones. El maestro verdadero está lleno de libertad para decir, pensar y señalar caminos. Nosotros los maestros, nosotros los que nos entregamos a plenitud en cada clase que realizamos, ya en el colegio, en la academia, en la universidad, sabemos que cada palabra nuestra es como un dardo que horada la piedra más dura en un aula. Sabemos que ejercemos a plenitud nuestra labor, nuestra trajinada voz se agiganta, nuestro cerebro inunda de savia  las aulas del tiempo. Nosotros los verdaderos maestros no debemos ser charlatanes, o ejercer discursos doctorales fofos. NO,  nosotros sabemos eso por lo que aprendimos de J.A Encinas quien escribió en su libro: Un ensayo de Escuela nueva en el Perú  lo siguiente: “que la charlatanería en materia  de educación es mil veces más dañosa que en materia de medicina”. No podemos anular conciencias críticas de nuestros discípulos sino elevar sus cerebros como cometas sabias para que incendien la oscuridad de mediocridad y de la ignorancia que  a veces inundan enternadamente las instituciones educativas. Nosotros somos el cambio, por que educar es una acción ejemplar a veces silenciosa, a veces mal vista. Los verdaderos maestros estamos a “expensas de una mayoría inepta, vil y amoral” diría parafraseando las palabras de  José María Arguedas. Pero eso no nos daña por el contrario no lleva a afirmarnos Maestro sí, profesor no. En este día que se repite cada 6 de julio quiero que estas palabras soltadas al viento taladren sus corazones, abracen su entusiasmo, los llenen de  júbilo. Ustedes están llamados a ejercer “la auténtica enseñanza con vocación, con magnitud, con clerecía, con sacerdocio, con libertad” Un abrazo amigos maestros en su día. Un vaso de vino de palabras en su día. Salud.

2 comentarios:

Judith W. Ccora Alva dijo...

Excelente reflexión. Gracias por este buen vino de palabras. GRACIAS MAESTRO.

Zoila Coahila dijo...

Salud por los maestros que evalúan con criterios claros.